¿Mi oración realmente logra algo? Emuná en la fuerza de la tefilá
Cada judío debe creer en sí mismo: en la fuerza que tiene de lograr con la tefilá lo que necesita. Enseñanza de Rabí Natán de Breslav sobre emuná y shefa.
Cada judío debe creer en sí mismo: en la fuerza que tiene de lograr con la tefilá lo que necesita. Enseñanza de Rabí Natán de Breslav sobre emuná y shefa.
El texto fijo de la Tefilá es como un vagón de tren: no cambia, pero los paisajes sí. La clave es unir las palabras con lo que realmente te pasa cada día.
La primera bendición de la Amidá, Birkat Avot, nos pide adherirnos al camino de Avraham, Itzjak y Iaakov: buscar a Hashem con honestidad y saber que Él escucha.
“Y clamaron, y subió su clamor a Di-s” (Shemot 2). El grito fue el secreto de la redención de Egipto. Por qué la salvación empieza con un clamor sin cálculos.
El Midrash Rabá responde: “No pido de ustedes ni ofrendas ni sacrificios, sino palabras”. Y si no hay palabras: “lloren y oren ante Mí, y Yo acepto”.
Se puede agradecer sin que los problemas se hayan resuelto: “fuiste refugio para mí y amparo en el día de mi angustia” (Tehilim 59). Una mañana de jésed.
En la oscuridad no se corre ni se toman decisiones apresuradas: se avanza despacio y se grita pidiendo ayuda. Una parábola sobre la tefilá en tiempos difíciles.
Sí: el rey David describe al hombre de Torá como un árbol plantado junto a corrientes de agua que da fruto y prospera. Aspirar a estabilidad es voluntad de Hashem.
La Meguilá de Ester se lee dos veces en Purim: en la noche de la fiesta y a la mañana siguiente. Consta de diez capítulos que se leen completos.
El Talmud Yerushalmi trae cuatro opiniones sobre el origen de las dieciocho bendiciones de la Amidá, y cada una revela un sentido distinto de la Tefilá.