Tfilah es de acceso libre — y queremos que siga así. Si estas oraciones te han ayudado, considera hacer una pequeña donación. Apoya nuestro trabajo →
Artículos

¿Está permitido aspirar al éxito y a estar bien establecido económicamente?

Sí: el rey David describe al hombre de Torá como un árbol plantado junto a corrientes de agua que da fruto y prospera. Aspirar a estabilidad es voluntad de Hashem.

· 2 min de lectura

Si Hashem dirige todo, ¿me queda algo a lo que aspirar?

Muchas veces me pregunto a mí mismo: si tengo claro que Hashem dirige el mundo entero y hace por mí todo lo que realmente es bueno para mí, ¿me queda todavía algo a lo que aspirar? ¿Hay algo que sea voluntad de Hashem que yo espere, quiera y anhele alcanzar, más allá del anhelo y la espera de una relación verdadera con Hashem?

¿Qué dice el rey David sobre el hombre de Torá?

Cuando reflexioné sobre el libro de Tehilim, descubrí que el rey David, la paz sea sobre él, dice acerca de quien tiene su deseo en la Torá de Hashem y en ella medita día y noche:

“Y será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su hoja no se marchita, y todo lo que haga prosperará.”

¿Por qué esto es sorprendente?

Esto me asombró, porque el rey David no está hablando de la recompensa reservada para quienes se esfuerzan en la Torá en el Mundo Venidero, ni tampoco de una recompensa en este mundo. Las palabras del rey David se refieren a estar bien establecido en la vida de este mundo: ser como un árbol plantado en un lugar del que no puedan ni haga falta arrancarlo; que sus frutos lleguen a su tiempo; que ni siquiera sus hojas se marchiten; éxito en lo que hace. Y por otro lado, sobre los malvados dice que son “como la paja que arrastra el viento”.

¿Qué quiere Hashem de nosotros en este mundo?

Esto me asombró porque vi aquí una especie de aspiración de vida: es decir, que la persona debe aspirar a estar establecida, a querer dar frutos. Y esa es la voluntad de Hashem respecto de ella: influir hacia afuera (como el árbol, que entrega sus frutos a otros), dar posibilidad de sostén a las personas de su alrededor (“su hoja no se marchita”), tener éxito en todo lo que hace. Y sobre todo: estar firme y plantada, y no caerse con cada viento.

Comparte este artículo