“El sabio tiene sus ojos en su cabeza, y el necio anda en la oscuridad”
“El sabio tiene sus ojos en su cabeza, y el necio anda en la oscuridad; y también supe yo que un mismo destino les llegará a todos”
¿Qué le pasa a quien camina rápido en la oscuridad?
Imagina un cuarto oscuro, sin luz. Entra allí una persona y empieza a pasearse y a caminar dentro de ese cuarto oscuro. ¿Cuántas veces se va a caer? ¿Cuántos objetos va a tirar en el camino? Aquí no se dio cuenta del cable del calefactor que colgaba, allá no vio el mantel que se arrastraba…
¿Cómo se camina en la oscuridad?
Entonces, ¿qué hace realmente una persona que está obligada a permanecer dentro de la oscuridad?
Lo primero: no se camina rápido. A lo sumo se avanza despacio, tanteando el camino, pero no se camina rápido. Es muy simple: en la oscuridad no se anda, no se toman decisiones apresuradas, no se empiezan direcciones nuevas.
¿Y si la oscuridad se prolonga mucho tiempo?
La verdad es que no hay nada que hacer salvo clamar pidiendo ayuda. Y cuanto mayor es la oscuridad —sobre todo cuando necesitamos algo con urgencia dentro de esa oscuridad—, hay que gritar, y a veces incluso gritar de verdad, para que alguien desde afuera escuche y venga a salvar, a encender la luz…
Espero que ya hayan entendido a Quién nos referimos cuando decimos que hay que clamar, cuando uno está pidiendo ayuda a gritos dentro de la gran oscuridad.