Tefilat Rabí Elimélej de Lizhensk — Oración antes de rezar
Ésta es la conocida oración compuesta por el Rebe Rabí Elimélej de Lizhensk, para decirla antes de comenzar la Tefilá. En ella se pide que Hashem prepare el corazón y ordene los pensamientos, que expulse al Yetzer HaRá que confunde la oración, y que fije la Emuná en el corazón como una estaca que no se mueve. Su pasaje más célebre pide ver siempre la virtud del prójimo y no su defecto, y que no suba ninguna envidia ni odio entre unos y otros.
Tefilat Rabí Elimélej de Lizhensk
Oración compuesta por el Rav famoso, hombre de Di-s, nuestro maestro el santo Rebe Rabí Elimélej de Lizhensk, para decirla antes de comenzar la Tefilá.
Sea Tu voluntad, Hashem, Di-s nuestro y Di-s de nuestros padres, que escuchas la voz del clamor de las súplicas y prestas oído a la voz de la oración de Tu pueblo Israel con misericordia, que prepares nuestro corazón, ordenes nuestros pensamientos y encamines nuestra oración en nuestra boca; y que inclines Tus oídos para escuchar la voz de la oración de Tus siervos, que Te suplican con voz de clamor y espíritu quebrado.
Y Tú, Di-s misericordioso, con Tu abundante misericordia y Tus grandes bondades, perdona, indulta y expía por nosotros y por todo Tu pueblo, la casa de Israel, todo aquello con lo que pecamos, nos desviamos, obramos mal y transgredimos delante de Ti. Porque revelado y sabido es ante Ti que no fue por rebeldía ni por traición —Di-s libre y Di-s libre— que desobedecimos Tu palabra, las palabras de Tu Torá y Tus Mitzvot, sino por la fuerza del Yetzer que arde constantemente dentro de nosotros, que no descansa ni se aquieta hasta que nos lleva a los deseos de este mundo bajo y a sus vanidades; y confunde nuestros pensamientos continuamente, incluso en la hora en que estamos de pie para orar delante de Ti y pedir por nuestra alma: él confunde nuestra oración y nuestros pensamientos constantemente con sus artimañas, y no podemos resistirlo, porque nuestro entendimiento, nuestra mente y nuestro corazón se han debilitado muchísimo, y ha desfallecido la fuerza del que carga, por las muchas angustias, penurias y agobios del tiempo.
Por eso, Tú, Di-s misericordioso y clemente, haz con nosotros como nos prometiste por medio del fiel de Tu casa: «Y agraciaré a quien agraciaré, y me apiadaré de quien me apiadaré»; y dijeron nuestros Sabios, de bendita memoria: aunque no sea digno ni merecedor. Porque así es Tu camino: hacer el bien a los malos y a los buenos. Porque revelado y sabido es ante Ti nuestro gemido, nuestro dolor y nuestro lamento por el hecho de que no podemos acercarnos a Tu servicio ni adherir nuestro corazón a Ti de verdad y con sinceridad. ¡Ay de nuestra alma! ¡Ay de nosotros, ay!, Padre nuestro que estás en el Cielo.
Y ahora, despierta por favor sobre nosotros Tu misericordia y Tus bondades grandes y abundantes, para expulsar y erradicar nuestro Yetzer HaRá de dentro de nosotros; y repréndelo para que se aparte y se vaya de nosotros; y que no nos incite a apartarnos de Tu servicio, Di-s libre; y que no suba a nuestro corazón ningún pensamiento malo, Di-s libre, ni despiertos ni en sueños; en especial en el momento en que estamos de pie en oración delante de Ti, o en la hora en que estudiamos Tu Torá. Y en la hora en que nos ocupamos de Tus Mitzvot, que nuestro pensamiento sea puro, límpido, claro y firme, de verdad y con corazón entero, conforme a Tu buena voluntad para con nosotros.
Y despierta nuestro corazón y el corazón de todo Israel, Tu pueblo, y el corazón de todos los que se unen a nosotros, y el corazón de todos los que desean nuestra compañía, para unificarte de verdad y con amor, y servirte con el servicio recto, aceptado ante el trono de Tu gloria. Y fija Tu Emuná en nuestro corazón siempre, sin interrupción; y que Tu Emuná esté atada en nuestro corazón como una estaca que no se mueve. Y aparta de nosotros todas las barreras que separan entre nosotros y Tú, Padre nuestro que estás en el Cielo. Y sálvanos de todo tropiezo y error; no nos abandones, no nos dejes y no nos avergüences. Y sé con nuestra boca en el momento de hablar, y con nuestras manos en el momento de nuestras obras, y con nuestro corazón en el momento de nuestros pensamientos.
Y concédenos, Padre nuestro que estás en el Cielo, Di-s lleno de misericordia, que unifiquemos nuestro corazón, nuestros pensamientos, nuestras palabras, nuestras obras y todos nuestros movimientos y sentimientos, los que conocemos y los que no conocemos, los revelados y los ocultos, de modo que todo esté unificado a Ti de verdad y con sinceridad, sin ningún pensamiento inadecuado, Di-s libre. Y purifica nuestro corazón y santifícanos; y derrama sobre nosotros aguas puras y purifícanos con Tu amor y con Tu compasión. Y planta Tu amor y Tu temor en nuestro corazón siempre, sin interrupción, en todo momento, en todo tiempo y en todo lugar: al andar, al sentarnos, al acostarnos y al levantarnos, que arda siempre Tu espíritu santo dentro de nosotros. Y que estemos siempre apoyados en Ti, en Tu grandeza, en Tu amor, en Tu temor, en Tu Torá escrita y oral, revelada y oculta, y en Tus Mitzvot; todo para unificar Tu Nombre poderoso y temible.
Y guárdanos de los intereses personales y del orgullo, del enojo, de la severidad, de la tristeza, de la murmuración y de las demás malas cualidades, y de todo aquello que arruina Tu servicio santo y puro, que nos es tan querido. Y derrama Tu espíritu santo sobre nosotros, para que estemos adheridos a Ti y anhelemos siempre estar cada vez más cerca de Ti; y elévanos de nivel en nivel, para que merezcamos llegar al nivel de nuestros padres santos, Avraham, Yitzjak y Yaakov; y que su mérito nos sostenga, para que escuches la voz de nuestra oración, y para que seamos siempre respondidos cuando oremos a Ti por nosotros o por cualquiera de Tu pueblo Israel, por un individuo o por muchos. Y alégrate y enorgullécete de nosotros; y que demos fruto arriba y raíz abajo.
Y no recuerdes contra nosotros nuestros pecados, y en especial los pecados de nuestra juventud, como dijo David HaMélej, la paz sea sobre él: «De los pecados de mi juventud y de mis transgresiones no Te acuerdes». Y convierte nuestras faltas y transgresiones en méritos; y derrama sobre nosotros, desde el mundo de la Teshuvá, siempre, el pensamiento de volver a Ti con corazón entero y de reparar aquello que hemos dañado en Tus Nombres santos y puros.
Y sálvanos de la envidia de un hombre hacia su prójimo, y que no suba la envidia de otro sobre nuestro corazón, ni nuestra envidia sobre otros. Al contrario: pon en nuestro corazón que veamos cada uno la virtud de nuestros compañeros y no su defecto; y que hablemos cada uno con su compañero por el camino recto y grato delante de Ti; y que no suba ningún odio de uno hacia su compañero, Di-s libre.
Y fortalece nuestro vínculo de amor hacia Ti, como es revelado y sabido ante Ti, de modo que todo sea satisfacción para Ti; y ésa es nuestra principal intención. Y si no tenemos entendimiento para dirigir nuestro corazón hacia Ti, Tú nos enseñarás, para que conozcamos de verdad la intención de Tu buena voluntad.
Y por todo esto suplicamos delante de Ti, Di-s lleno de misericordia, que recibas nuestra oración con misericordia y con agrado. Amén, así sea Su voluntad.
Traducción propia del hebreo original. En las citas bíblicas usamos el trato de «ustedes» (español neutro latinoamericano), no el «vosotros» de las ediciones peninsulares.
Preguntas frecuentes
Segu00fan la indicaciu00f3n que acompau00f1a al texto, esta oraciu00f3n se dice antes de comenzar la Tefilu00e1. Sirve como preparaciu00f3n, pidiendo que Hashem prepare el corazu00f3n y ordene los pensamientos antes de rezar.
La compuso el Rebe Rabu00ed Elimu00e9lej de Lizhensk. En la introducciu00f3n del texto se lo describe como u00abel Rav famoso, hombre de Di-s, nuestro maestro el santo Rebe Rabu00ed Elimu00e9lej de Lizhensku00bb.
El pasaje mu00e1s conocido pide: u00abY su00e1lvanos de la envidia de un hombre hacia su pru00f3jimou2026 pon en nuestro corazu00f3n que veamos cada uno la virtud de nuestros compau00f1eros y no su defectou00bb. Continu00faa pidiendo que no suba ningu00fan odio de una persona hacia su compau00f1ero.
La oraciu00f3n pide que Hashem despierte Su misericordia para expulsar y erradicar el Yetzer HaRu00e1 de dentro de la persona, y que lo reprenda para que se aparte. Se describe al Yetzer como aquello que confunde la oraciu00f3n y los pensamientos incluso mientras se estu00e1 de pie rezando.