El Salmo 32 lleva en su encabezado la palabra maskil, que indica un salmo de instrucción, y enseña una sola cosa con enorme claridad: mientras David calló su falta, se consumió por dentro; en el momento en que la reconoció, fue perdonado.
El salmo describe físicamente el peso de la culpa no dicha —huesos que se desgastan, vigor que se seca como en el calor del verano— y lo contrasta con el alivio inmediato de la confesión. Es uno de los textos clásicos del judaísmo sobre la teshuvá y sobre el hecho de que el reconocimiento sincero precede al perdón.
Termina con una advertencia y una invitación: no ser como el caballo o el mulo, que solo se dejan conducir por la fuerza del freno, sino acercarse por entendimiento propio.
1
לְדָוִד מַשְׂכִּיל אַשְׁרֵי נְשׂוּי־פֶּשַׁע כְּסוּי חֲטָאָה׃
LeDavid maskil, ashrei nesui pesha kesui jataá.
De David, maskil. Dichoso aquel cuya transgresión es levantada, cuyo pecado queda cubierto.
2
אַשְׁרֵי אָדָם לֹא יַחְשֹׁב יְהוָה לוֹ עָוֺן וְאֵין בְּרוּחוֹ רְמִיָּה׃
Ashrei adam lo yajshov Adonai lo avón, veein berujó remiyá.
Dichoso el hombre a quien Hashem no le atribuye iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño.
3
כִּי־הֶחֱרַשְׁתִּי בָּלוּ עֲצָמָי בְּשַׁאֲגָתִי כָּל־הַיּוֹם׃
Ki hejerashti balú atzamai, beshaagatí kol hayom.
Mientras callé, se consumieron mis huesos por mi gemido de todo el día.
4
כִּי יוֹמָם וָלַיְלָה תִּכְבַּד עָלַי יָדֶךָ נֶהְפַּךְ לְשַׁדִּי בְּחַרְבֹנֵי קַיִץ סֶלָה׃
Ki yomam valáila tijbad alai yadéja, nehpaj leshadí bejarvonei káyitz. Sela.
Porque de día y de noche pesaba sobre mí tu mano; mi vigor se secó como en las sequías del verano. Selá.
5
חַטָּאתִי אוֹדִיעֲךָ וַעֲוֺנִי לֹא־כִסִּיתִי אָמַרְתִּי אוֹדֶה עֲלֵי פְשָׁעַי לַיהוָה וְאַתָּה נָשָׂאתָ עֲוֺן חַטָּאתִי סֶלָה׃
Jatatí odiajá vaavoní lo jisíti, amarti odé alei feshaai lAdonai, veAta nasata avón jatatí. Sela.
Mi pecado te di a conocer y mi iniquidad no encubrí; dije: Confesaré mis transgresiones ante Hashem. Y tú perdonaste la iniquidad de mi pecado. Selá.
6
עַל־זֹאת יִתְפַּלֵּל כָּל־חָסִיד אֵלֶיךָ לְעֵת מְצֹא רַק לְשֵׁטֶף מַיִם רַבִּים אֵלָיו לֹא יַגִּיעוּ׃
Al zot yitpalel kol jasid eléja leet metzó, rak leshétef máyim rabim elav lo yaguíu.
Por esto orará a ti todo hombre piadoso en el momento en que puede ser hallado; ciertamente, cuando desborden aguas caudalosas, a él no lo alcanzarán.
7
אַתָּה סֵתֶר לִי מִצַּר תִּצְּרֵנִי רָנֵּי פַלֵּט תְּסוֹבְבֵנִי סֶלָה׃
Ata séter li, mitzar titzréni, ranei falet tesovevéni. Sela.
Tú eres mi escondite; de la angustia me guardarás; con cánticos de liberación me rodearás. Selá.
8
אַשְׂכִּילְךָ וְאוֹרְךָ בְּדֶרֶךְ־זוּ תֵלֵךְ אִיעֲצָה עָלֶיךָ עֵינִי׃
Askiljá veorjá bedérej zu telej, iatzá aléja einí.
Te daré entendimiento y te enseñaré el camino por el que has de andar; te aconsejaré con mi mirada puesta en ti.
9
אַל־תִּהְיוּ כְּסוּס כְּפֶרֶד אֵין הָבִין בְּמֶתֶג־וָרֶסֶן עֶדְיוֹ לִבְלוֹם בַּל קְרֹב אֵלֶיךָ׃
Al tihyú kesus keféred ein havín, bemeteg varésen edyó livlom, bal krov eléja.
No sean como el caballo o como el mulo, que no entienden, cuyo brío hay que sujetar con freno y brida, pues de otro modo no se acercan a ti.
10
רַבִּים מַכְאוֹבִים לָרָשָׁע וְהַבּוֹטֵחַ בַּיהוָה חֶסֶד יְסוֹבְבֶנּוּ׃
Rabim maj'ovim larashá, vehabotéaj bAdonai jésed yesovevénu.
Muchos son los dolores del malvado, pero al que confía en Hashem la bondad lo rodea.
11
שִׂמְחוּ בַיהוָה וְגִילוּ צַדִּיקִים וְהַרְנִינוּ כָּל־יִשְׁרֵי־לֵב׃
Simjú vAdonai veguílu tzadikim, veharnínu kol yishrei lev.
Alégrense en Hashem y regocíjense, tzadikim; canten de júbilo todos los rectos de corazón.