Una mañana distinta
Esta mañana me levanté, la lluvia lo había limpiado todo… El aire estaba húmedo y limpio, la respiración era fresca. No es que de pronto hubiera olvidado la angustia de ayer: frente a mis ojos, sujetos con un imán en la heladera, titilaban los recordatorios de la presión diaria que se acercaba. Pero aun así había en el aire algo agradable. La tefilá, después, me salió mucho mejor, mucho más agradable. Y de pronto algo empezó a punzarme.
¿Por qué hoy siento más gratitud que ayer?
En realidad, pensé para mí mismo, ¿por qué? ¿Por qué justo hoy siento más el agradecimiento a Hashem que ayer? ¿Por qué también canto los Pesukei DeZimrá con más gusto, más conectado con las palabras, con el texto? ¿Por qué ya no estoy esperando llegar a la parte de las súplicas y los pedidos por las angustias? ¿Por qué me hace bien estar en los cantos del rey David?
¿Se puede agradecer por algo que todavía no se arregló?
Después de la tefilá me quedé en el Beit HaKnéset. Me senté en silencio y pensé: en realidad, puedo agradecer incluso cuando todavía no se arregló nada…
Pero, ¿cómo le doy las gracias a Hashem? ¿Por qué? ¿Por lo que no se arregló? ¿Por lo que todavía aprieta y quema? ¡Pero tengo ganas de agradecer! Tengo ganas de decirle a Papá: “¡Gracias! ¡De verdad, de verdad te agradezco!”. Pero, en el fondo, ¿por qué estoy agradeciendo ahora? ¿Cómo se expresa un agradecimiento así? ¿Cómo se le da forma a esta clase de gratitud, por el hecho de sentirme bien incluso en medio de todo el lío?
El versículo que lo expresó todo
Tenía al lado un libro de Tehilim. Lo hojeé, lo recorrí, intentando encontrar una sensación parecida, algo que expresara lo que yo sentía, y me topé con un versículo que me quedaba tan bien, un versículo que expresaba exactamente lo que sentía:
“Y yo cantaré Tu fortaleza y entonaré por la mañana Tu bondad, porque fuiste refugio para mí y amparo en el día de mi angustia.”
Sí, simplemente así: fuiste refugio para mí y amparo en el día de mi angustia. Simplemente me diste disfrutar y sentirme bien también en un día que en realidad es “día de angustia”, en el que todavía no se arregló nada. También entonces me diste un momento de tregua, una mañana de bondad, simplemente un día lindo.
Gracias, Papá.