¿Qué logra la insistencia en las súplicas?
“Hay una persona que no es digna de que el Omnipresente reciba su oración, pero por la intensidad de sus súplicas y por las lágrimas de sus ojos, ya que llora y suplica constantemente, aunque no tenga en su mano méritos ni buenas acciones, HaKadosh Baruj Hu recibe su oración y cumple su deseo.” (Séfer Jasidim, 130)
¿Hasta dónde llega la fuerza de la Tefilá?
“Y debes saber que la fuerza de la oración es grande, incluso para cambiar la naturaleza, para salvarse del peligro y para anular lo decretado. Y el espacio sería insuficiente para contener todo lo que se explicó en los escritos sagrados y se dijo en estos asuntos sobre la fuerza de la oración para anular lo decretado, o para cambiar la naturaleza, y también para salvar del peligro.” (Rabenu Bejaie, parashat Ekev)
¿Hace falta prepararse para rezar?
“Nos hace oír el taná: ‘no se paran a rezar sino desde una actitud de seriedad’ — específicamente la Tefilá de la Amidá. Pero la oración del momento, que toda persona necesita en todo tiempo y ocasión, cuando pide a Hashem, bendito sea, por lo que le hace falta, esa oración no necesita preparación. Y al contrario, está escrito: ‘como Hashem, Di-s nuestro, en todo lo que Lo llamamos’. Al contrario, esta es la gran emuná del hombre de Israel: que rece de inmediato por todo lo que le ocurra. Y es la emuná de que nada sucede por casualidad, sino que todo es con una supervisión maravillosa, y que la oración sirve para anular el decreto y transformarlo en bien y en salvación.” (Según Maguid Taalumá, Berajot 30)
¿Cuál es la oración más completa?
“‘Y gimieron los hijos de Israel a causa del trabajo y clamaron, y subió su clamor a Di-s a causa del trabajo’ — mencionó dos veces ‘a causa del trabajo’, para enseñarte que no hay oración de una persona más completa que aquella que reza desde la aflicción y la angustia, que es la más aceptada y la que sube delante de Él, bendito sea. Y así encuentras en Yoná el profeta, la paz sea sobre él, que aclaró este asunto, cuando dijo: ‘al desfallecer sobre mí mi alma, me acordé de Hashem, y llegó a Ti mi oración, a Tu santo Palacio’ (Yoná 2:8) — prometió el profeta que la oración que nace del dolor y del desfallecimiento del alma es la que entra delante de Él, a Su santo Palacio, bendito sea.” (Rabenu Bejaie, Shemot)
¿Por qué insistir cuando no somos respondidos?
“‘Ten piedad de mí, Hashem, porque a Ti clamo todo el día’. Me parece, a modo de parábola, que el niño que insiste ante su padre, si le ruega mucho, es imposible que el padre se contenga de cumplir su pedido. Pero a veces el padre se abstiene de cumplir el deseo del niño porque sabe que se cansará y dejará de insistir, ya que aquello que pide no es tan querido a los ojos de su hijo y no insistirá demasiado. Pero en verdad, si después el niño insiste mucho y no cesa de rogar, el padre está obligado a cumplir su pedido. Y sucedió que el niño era sabio y comprendía, y al ver al comienzo del pedido que su padre se abstenía de hacer su voluntad, entendió que su padre pensaba que quizá dejaría de insistir en un momento, y le dijo a su padre: ‘Sabe, padre mío, que esto que te pido te lo voy a rogar muchísimo, porque lo necesito mucho; y si es así, ¿para qué dejarme sufrir con tanta insistencia y solo después dármelo? Mejor dámelo de inmediato…’. Y por eso dijo: ‘ten piedad de mí, Hashem, porque a Ti clamo todo el día’, es decir: no me voy a cansar ni a agotar, sino que gritaré y clamaré todo el día hasta que ciertamente tengas piedad de mí; por lo tanto, ten piedad de mí de inmediato…” (Arvei Nájal, Vaerá)
¿Qué significa “multiplicar oraciones”?
“Se trae en el Midrash: ‘y suplicó Itzjak a Hashem’ — Rabí Yojanán dijo que derramó oraciones con riqueza, pues en lengua aramea a la riqueza se le llama ‘otrá’; y el Midrash expone: ‘y suplicó Itzjak a Hashem’ — que rezó muchas oraciones, con abundancia y con plenitud.” (Según Matnot Kehuná, Toldot 63:5)
¿Hay algo demasiado insignificante para pedir?
“Y así escuché yo [Rabí Natán de Breslev] también de su santa boca [de Rabí Najman de Breslev], respecto de una cosa pequeña y muy insignificante que yo necesitaba un poco, y dijo: ‘¡reza por eso a Hashem, bendito sea!’. Y quedé atónito, porque me resultaba asombroso rezar a Hashem, bendito sea, por una cosa tan insignificante, y además, porque tampoco era tan necesaria. Y dijo (en tono de asombro): ‘¿acaso no es digno de tu honor rezar a Hashem, bendito sea, por una cosa pequeña como esta?’.” (Shivjei HaRan 233)