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Salmo 130

Desde las profundidades te llamé

תהילים 130

El Salmo 130 (Tehilim 130), conocido por sus primeras palabras como Shir HaMaalot Mimaamakim, es uno de los quince Cánticos de las Ascensiones —Salmos 120 a 134— y probablemente el más intenso de la serie. Empieza en el punto más bajo posible: no desde una montaña ni desde el Bet HaMikdash, sino desde las profundidades.

El versículo 3 formula la pregunta que sostiene todo el capítulo: si se llevara cuenta estricta de las culpas, nadie podría mantenerse en pie. La respuesta del versículo 4 es la clave del salmo: el perdón existe, y existe precisamente para que Hashem sea temido, es decir, la posibilidad de volver no debilita la reverencia sino que la hace posible.

La segunda mitad es una espera. El salmista se compara con los centinelas que aguardan la mañana, y repite la frase como quien repite las horas de la guardia. Por su tema, este capítulo se recita en los Diez Días de Teshuvá, entre Rosh Hashaná y Yom Kipur, y en muchas comunidades se dice en momentos de angustia, de enfermedad o cuando alguien está en peligro.

Cuándo se dice: En los Diez Días de Teshuvá y en momentos de angustia, enfermedad o peligro

1
שִׁיר הַמַּעֲלוֹת מִמַּעֲמַקִּים קְרָאתִיךָ יְהוָה׃
Shir hamaalot. Mimaamakim keratíja Adonai.
Cántico de las ascensiones. Desde las profundidades te llamé, Hashem.
2
אֲדֹנָי שִׁמְעָה בְקוֹלִי תִּהְיֶינָה אָזְנֶיךָ קַשֻּׁבוֹת לְקוֹל תַּחֲנוּנָי׃
Adonai shimá vekolí, tihyéna oznéja kashuvot lekol tajanunai.
Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mis súplicas.
3
אִם־עֲוֺנוֹת תִּשְׁמָר־יָהּ אֲדֹנָי מִי יַעֲמֹד׃
Im avonot tishmor Yah, Adonai mi yaamod.
Si guardaras cuenta de las culpas, Kah, Señor, ¿quién podría mantenerse en pie?
4
כִּי־עִמְּךָ הַסְּלִיחָה לְמַעַן תִּוָּרֵא׃
Ki imejá haselijá, lemáan tivaré.
Pero contigo está el perdón, para que seas temido.
5
קִוִּיתִי יְהוָה קִוְּתָה נַפְשִׁי וְלִדְבָרוֹ הוֹחָלְתִּי׃
Kivíti Adonai, kivetá nafshí, velidvaró hojálti.
Esperé en Hashem, esperó mi alma, y en su palabra confié.
6
נַפְשִׁי לַאדֹנָי מִשֹּׁמְרִים לַבֹּקֶר שֹׁמְרִים לַבֹּקֶר׃
Nafshí ladonai, mishomrim labóker, shomrim labóker.
Mi alma aguarda al Señor más que los centinelas la mañana, los centinelas la mañana.
7
יַחֵל יִשְׂרָאֵל אֶל־יְהוָה כִּי־עִם־יְהוָה הַחֶסֶד וְהַרְבֵּה עִמּוֹ פְדוּת׃
Yajel Yisrael el Adonai, ki im Adonai hajésed, veharbé imó fedut.
Espere Yisrael en Hashem, porque con Hashem está el jésed, y abundante está con él la redención.
8
וְהוּא יִפְדֶּה אֶת־יִשְׂרָאֵל מִכֹּל עֲוֺנֹתָיו׃
Vehú yifdé et Yisrael, mikol avonotav.
Y él redimirá a Yisrael de todas sus culpas.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se dice el Salmo 130?
El Salmo 130 se recita en los Diez Días de Teshuvá, entre Rosh Hashaná y Yom Kipur, y en muchas comunidades se dice también en momentos de angustia, por la salud de un enfermo o cuando alguien se encuentra en peligro. Es habitual que se lo agregue cuando se reza en grupo por una persona en situación grave. Se lo conoce por sus primeras palabras, Shir HaMaalot Mimaamakim.
¿Qué significa «desde las profundidades te llamé»?
La palabra hebrea maamakim describe un lugar hondo, del que no se sale por los propios medios. Es significativo que un Cántico de las Ascensiones, una serie asociada con subir, empiece desde abajo: el salmo indica que la subida comienza precisamente en el punto más bajo. La frase se ha vuelto la manera clásica de nombrar una oración dicha desde una situación desesperada.
¿Por qué el Salmo 130 dice que el perdón existe «para que seas temido»?
Porque si no hubiera perdón posible, la relación con Hashem terminaría en el momento de la primera falta y no quedaría lugar para la reverencia, solo para la desesperación. El versículo anterior lo plantea directamente: si se llevara cuenta estricta de todas las culpas, nadie podría mantenerse en pie. El salmo enseña que la posibilidad de volver es lo que sostiene la relación, no lo que la debilita.
¿Qué quiere decir la comparación con los centinelas del Salmo 130?
El centinela que hace la guardia de noche espera la mañana con una certeza particular: sabe que va a llegar, pero no puede acelerarla ni sabe exactamente cuándo. El salmista dice que su alma aguarda al Señor incluso más que eso, y repite la frase «los centinelas la mañana» como quien cuenta las horas que faltan. Es una imagen de espera confiada y a la vez tensa.