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Salmo 102

Oración del afligido

תהילים 102

El Salmo 102 (Tehilim 102) lleva una superscripción única en todo el libro: no nombra autor, sino situación. «Oración del afligido cuando desfallece y derrama su lamento ante Hashem». Es el título de un estado, no de una persona, y por eso cualquiera puede entrar en él.

La primera mitad es una descripción física del sufrimiento: días que se consumen como humo, huesos abrasados, pan que se olvida, un pájaro solitario sobre un tejado. En el versículo 13 el salmo gira bruscamente: «Pero tú, Hashem, para siempre permaneces». Desde ahí y hasta el final, el dolor individual se transforma en súplica por la reconstrucción de Tzión.

El contraste final es el corazón del salmo: los cielos mismos se gastarán como una prenda, pero los años de Hashem no terminan, y por eso los hijos de sus siervos permanecerán. Por su título y su contenido, este capítulo figura entre los que se acostumbra recitar por un enfermo.

Cuándo se dice: En la enfermedad y en momentos de angustia

1
תְּפִלָּה לְעָנִי כִי־יַעֲטֹף וְלִפְנֵי יְהוָה יִשְׁפֹּךְ שִׂיחוֹ׃
Tefilá leaní ji yaatof, velifné Adonai yishpoj sijó.
Oración del afligido cuando desfallece y derrama su lamento ante Hashem.
2
יְהוָה שִׁמְעָה תְפִלָּתִי וְשַׁוְעָתִי אֵלֶיךָ תָבוֹא׃
Adonai shimá tefilatí, veshavatí eléja tavó.
Hashem, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor.
3
אַל־תַּסְתֵּר פָּנֶיךָ מִמֶּנִּי בְּיוֹם צַר לִי הַטֵּה־אֵלַי אָזְנֶךָ בְּיוֹם אֶקְרָא מַהֵר עֲנֵנִי׃
Al taster panéja miméni beyom tzar li, haté elai oznéja, beyom ekrá maher anéni.
No ocultes tu rostro de mí en el día de mi angustia; inclina hacia mí tu oído; el día en que te llame, apresúrate, respóndeme.
4
כִּי־כָלוּ בְעָשָׁן יָמָי וְעַצְמוֹתַי כְּמוֹ־קֵד נִחָרוּ׃
Ki jalú veashán yamai, veatzmotai kemó ked nijáru.
Porque mis días se consumieron como humo, y mis huesos se abrasaron como un brasero.
5
הוּכָּה־כָעֵשֶׂב וַיִּבַשׁ לִבִּי כִּי־שָׁכַחְתִּי מֵאֲכֹל לַחְמִי׃
Huká jaésev vayivash libí, ki shajajti meajol lajmí.
Herido está mi corazón como la hierba, y se ha secado, porque olvidé comer mi pan.
6
מִקּוֹל אַנְחָתִי דָּבְקָה עַצְמִי לִבְשָׂרִי׃
Mikol anjatí davká atzmí livsarí.
Por la voz de mi gemido, mi hueso se pegó a mi carne.
7
דָּמִיתִי לִקְאַת מִדְבָּר הָיִיתִי כְּכוֹס חֳרָבוֹת׃
Damíti likat midbar, hayíti kejós joravot.
Me asemejo al pelícano del desierto; he llegado a ser como una lechuza entre ruinas.
8
שָׁקַדְתִּי וָאֶהְיֶה כְּצִפּוֹר בּוֹדֵד עַל־גָּג׃
Shakadti vaehyé ketzipor boded al gag.
He velado, y soy como un pájaro solitario sobre un tejado.
9
כָּל־הַיּוֹם חֵרְפוּנִי אוֹיְבָי מְהוֹלָלַי בִּי נִשְׁבָּעוּ׃
Kol hayom jerfúni oyevai, meholalai bi nishbáu.
Todo el día me afrentan mis enemigos; los que se burlan de mí juran por mí.
10
כִּי־אֵפֶר כַּלֶּחֶם אָכָלְתִּי וְשִׁקֻּוַי בִּבְכִי מָסָכְתִּי׃
Ki éfer kaléjem ajálti, veshikuvai bivjí masajti.
Porque he comido ceniza como pan, y mi bebida he mezclado con llanto,
11
מִפְּנֵי־זַעַמְךָ וְקִצְפֶּךָ כִּי נְשָׂאתַנִי וַתַּשְׁלִיכֵנִי׃
Mipené zaamjá vekitzpéja, ki nesatáni vatashlijéni.
a causa de tu indignación y tu furor, porque me alzaste y me arrojaste.
12
יָמַי כְּצֵל נָטוּי וַאֲנִי כָּעֵשֶׂב אִיבָשׁ׃
Yamai ketzel natui, vaaní kaésev ivash.
Mis días son como una sombra que se alarga, y yo como la hierba me seco.
13
וְאַתָּה יְהוָה לְעוֹלָם תֵּשֵׁב וְזִכְרְךָ לְדֹר וָדֹר׃
Veatá Adonai leolam teshev, vezijrejá ledor vador.
Pero tú, Hashem, permaneces para siempre, y tu recuerdo de generación en generación.
14
אַתָּה תָקוּם תְּרַחֵם צִיּוֹן כִּי־עֵת לְחֶנְנָהּ כִּי־בָא מוֹעֵד׃
Atá takum terajem Tzión, ki et lejenená ki va moed.
Tú te levantarás y tendrás compasión de Tzión, porque es tiempo de agraciarla, porque ha llegado el momento señalado.
15
כִּי־רָצוּ עֲבָדֶיךָ אֶת־אֲבָנֶיהָ וְאֶת־עֲפָרָהּ יְחֹנֵנוּ׃
Ki ratzú avadéja et avanéha, veet afará yejonénu.
Porque tus siervos aman sus piedras, y de su polvo se compadecen.
16
וְיִירְאוּ גוֹיִם אֶת־שֵׁם יְהוָה וְכָל־מַלְכֵי הָאָרֶץ אֶת־כְּבוֹדֶךָ׃
Veyirú goyim et shem Adonai, vejol maljé haáretz et kevodéja.
Y temerán las naciones el nombre de Hashem, y todos los reyes de la tierra tu gloria.
17
כִּי־בָנָה יְהוָה צִיּוֹן נִרְאָה בִּכְבוֹדוֹ׃
Ki vaná Adonai Tzión, nirá bijvodó.
Porque Hashem ha edificado a Tzión, se ha mostrado en su gloria.
18
פָּנָה אֶל־תְּפִלַּת הָעַרְעָר וְלֹא־בָזָה אֶת־תְּפִלָּתָם׃
Paná el tefilat haarar, veló vazá et tefilatam.
Se volvió hacia la oración del desamparado y no despreció su ruego.
19
תִּכָּתֶב זֹאת לְדוֹר אַחֲרוֹן וְעַם נִבְרָא יְהַלֶּל־יָהּ׃
Tikatev zot ledor ajarón, veam nivrá yehalel Yah.
Escríbase esto para la generación venidera, y un pueblo que será creado alabará a Kah.
20
כִּי־הִשְׁקִיף מִמְּרוֹם קָדְשׁוֹ יְהוָה מִשָּׁמַיִם אֶל־אֶרֶץ הִבִּיט׃
Ki hishkif mimrom kodshó, Adonai mishamáyim el éretz hibit.
Porque miró desde la altura de su santidad; Hashem contempló desde los cielos hacia la tierra,
21
לִשְׁמֹעַ אֶנְקַת אָסִיר לְפַתֵּחַ בְּנֵי תְמוּתָה׃
Lishmóa enkat asir, lefatéaj bené temutá.
para oír el gemido del prisionero, para soltar a los condenados a muerte;
22
לְסַפֵּר בְּצִיּוֹן שֵׁם יְהוָה וּתְהִלָּתוֹ בִּירוּשָׁלִָם׃
Lesaper beTzión shem Adonai, utehilató biYerushaláim.
para contar en Tzión el nombre de Hashem, y su alabanza en Yerushaláim,
23
בְּהִקָּבֵץ עַמִּים יַחְדָּו וּמַמְלָכוֹת לַעֲבֹד אֶת־יְהוָה׃
Behikavetz amim yajdav, umamlajot laavod et Adonai.
cuando se reúnan los pueblos a una, y los reinos, para servir a Hashem.
24
עִנָּה בַדֶּרֶךְ כֹּחִי קִצַּר יָמָי׃
Iná vadérej kojí, kitzar yamai.
Debilitó en el camino mi fuerza, acortó mis días.
25
אֹמַר אֵלִי אַל־תַּעֲלֵנִי בַּחֲצִי יָמָי בְּדוֹר דּוֹרִים שְׁנוֹתֶיךָ׃
Omar Elí al taaléni bajatzí yamai, bedor dorim shenotéja.
Digo: Di-s mío, no me hagas subir en la mitad de mis días; tus años son por generación de generaciones.
26
לְפָנִים הָאָרֶץ יָסַדְתָּ וּמַעֲשֵׂה יָדֶיךָ שָׁמָיִם׃
Lefanim haáretz yasadta, umaasé yadéja shamáyim.
Desde antaño fundaste la tierra, y obra de tus manos son los cielos.
27
הֵמָּה יֹאבֵדוּ וְאַתָּה תַעֲמֹד וְכֻלָּם כַּבֶּגֶד יִבְלוּ כַּלְּבוּשׁ תַּחֲלִיפֵם וְיַחֲלֹפוּ׃
Hema yovédu veatá taamod, vejulam kabégued yivlú, kalvush tajalifem veyajalófu.
Ellos perecerán, mas tú permanecerás; todos ellos como una prenda se gastarán, como un vestido los mudarás y pasarán.
28
וְאַתָּה־הוּא וּשְׁנוֹתֶיךָ לֹא יִתָּמּוּ׃
Veatá hu, ushnotéja lo yitámu.
Pero tú eres el mismo, y tus años no terminarán.
29
בְּנֵי־עֲבָדֶיךָ יִשְׁכּוֹנוּ וְזַרְעָם לְפָנֶיךָ יִכּוֹן׃
Bené avadéja yishkónu, vezaram lefanéja yikón.
Los hijos de tus siervos habitarán, y su descendencia se afirmará ante ti.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Salmo 102?
El Salmo 102 es la oración de una persona en aflicción profunda, según lo declara su propio primer versículo: «Oración del afligido cuando desfallece y derrama su lamento ante Hashem». Es el único salmo cuya superscripción describe una situación en lugar de nombrar un autor. Comienza con una descripción física del sufrimiento y termina afirmando la permanencia eterna de Hashem frente a la fragilidad de todo lo creado.
¿Cuándo se dice el Salmo 102?
El Salmo 102 se acostumbra recitar por una persona enferma y en momentos de angustia personal. Su título lo convierte en la oración del que está agotado y no encuentra palabras propias, y por eso se incluye entre los capítulos que se leen junto al lecho de un enfermo o en tiempos de aflicción comunitaria.
¿Qué significa el cambio en el versículo 13 del Salmo 102?
El versículo 13, «Pero tú, Hashem, permaneces para siempre», es el punto de giro del salmo. Hasta ahí el que ora habla solo de su cuerpo y sus días que se acaban; desde ahí en adelante deja de hablar de sí mismo y pide por Tzión y por las generaciones futuras. El consuelo del afligido no llega por la reparación de su propia vida, sino por su inserción en algo que no se acaba.
¿Por qué el Salmo 102 habla de las piedras y el polvo de Tzión?
El versículo 15 dice que los siervos de Hashem aman incluso las piedras de Tzión y se compadecen de su polvo. Es la señal de que ha llegado el tiempo de la reconstrucción: cuando el pueblo se aferra hasta a los escombros de la ciudad, ese apego mismo se convierte en el argumento de la súplica del versículo 14.