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Shir HaShirim — El Cantar de los Cantares

Shir HaShirim
Sobre esta oración

Shir HaShirim — el Cantar de los Cantares — es el libro bíblico que compuso Shlomó HaMélej con su sabiduría, y consta de ocho capítulos. Sobre él dijo Rabí Akivá (Masejet Yadáyim, capítulo 3, mishná 5): el mundo entero no vale tanto como el día en que Shir HaShirim le fue dado a Israel, porque todos los Escritos son santos, pero Shir HaShirim es santo de santos. Se acostumbra leerlo en la víspera de Shabat y en Pésaj, y al concluir la lectura se dice la oración «Ribón kol haOlamim». Aquí encontrarás el texto completo en español y en transliteración fonética.

Cuándo
En la víspera de Shabat y en Pésaj
Tradición
Edot HaMizraj
Duración
~29 minutos
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Lee para comprender

Capítulo 1

Cantar de los cantares, que es de Shlomó.

¡Que me bese con los besos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino.

Por el aroma de tus buenos ungüentos —ungüento derramado es tu nombre—, por eso las doncellas te aman.

Atráeme en pos de ti, corramos. El rey me ha traído a sus cámaras. Nos gozaremos y nos alegraremos en ti, recordaremos tus amores más que el vino; con rectitud te aman.

Morena soy, pero hermosa, hijas de Yerushaláim, como las tiendas de Kedar, como las cortinas de Shlomó.

No me miren por ser morena, porque el sol me ha quemado. Los hijos de mi madre se enojaron contra mí; me pusieron por guardiana de las viñas, mas mi propia viña no guardé.

Dime, tú a quien ama mi alma: ¿dónde apacientas?, ¿dónde haces reposar el rebaño al mediodía? ¿Por qué he de ser como una que se cubre con velo junto a los rebaños de tus compañeros?

Si no lo sabes, oh la más hermosa entre las mujeres, sal tras las huellas del rebaño y apacienta tus cabritas junto a las moradas de los pastores.

A mi yegua entre los carros del Faraón te he comparado, amada mía.

Hermosas son tus mejillas entre los adornos, tu cuello entre los collares.

Adornos de oro te haremos, con incrustaciones de plata.

Mientras el rey estaba en su mesa, mi nardo dio su fragancia.

Manojito de mirra es mi amado para mí; entre mis pechos reposa.

Racimo de alheña es mi amado para mí, en las viñas de Ein Guedi.

He aquí que eres hermosa, amada mía; he aquí que eres hermosa; tus ojos son palomas.

He aquí que eres hermoso, amado mío, y también agradable; y nuestro lecho es frondoso.

Las vigas de nuestras casas son de cedro; nuestros artesonados, de cipreses.

Capítulo 2

Yo soy la rosa del Sharón, la azucena de los valles.

Como azucena entre los espinos, así es mi amada entre las doncellas.

Como el manzano entre los árboles del bosque, así es mi amado entre los jóvenes. A su sombra deseé sentarme, y me senté, y su fruto fue dulce a mi paladar.

Me llevó a la casa del vino, y su estandarte sobre mí es amor.

Susténtenme con tortas de pasas, refrésquenme con manzanas, porque estoy enferma de amor.

Su izquierda está bajo mi cabeza, y su derecha me abraza.

Las conjuro, hijas de Yerushaláim, por las gacelas y por las ciervas del campo: que no despierten ni desvelen el amor hasta que quiera.

¡La voz de mi amado! He aquí que viene, saltando sobre los montes, brincando sobre las colinas.

Semejante es mi amado a la gacela o al cervatillo. He aquí que está tras nuestro muro, mirando por las ventanas, atisbando por las celosías.

Habló mi amado y me dijo: Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.

Porque he aquí que ha pasado el invierno, la lluvia cesó y se fue.

Los brotes se ven en la tierra, el tiempo de la poda ha llegado, y la voz de la tórtola se oye en nuestra tierra.

La higuera ha echado sus higos tempranos, y las vides en cierne dan fragancia. Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven.

Paloma mía, en las hendiduras de la peña, en lo escondido de los escarpados, muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz, porque tu voz es dulce y tu rostro hermoso.

Atrapen para nosotros las zorras, las zorras pequeñas que arruinan las viñas, pues nuestras viñas están en cierne.

Mi amado es mío y yo soy suya, el que apacienta entre las azucenas.

Hasta que sople la brisa del día y huyan las sombras, vuélvete, amado mío, sé semejante a la gacela o al cervatillo sobre los montes de Beter.

Capítulo 3

En mi lecho, por las noches, busqué al que ama mi alma; lo busqué y no lo hallé.

Me levantaré, pues, y rodearé la ciudad; por las calles y por las plazas buscaré al que ama mi alma. Lo busqué y no lo hallé.

Me hallaron los guardias que rondan la ciudad: ¿Han visto al que ama mi alma?

Apenas los había pasado, cuando hallé al que ama mi alma. Lo así y no lo solté, hasta que lo llevé a la casa de mi madre y a la cámara de la que me concibió.

Las conjuro, hijas de Yerushaláim, por las gacelas y por las ciervas del campo: que no despierten ni desvelen el amor hasta que quiera.

¿Quién es esta que sube del desierto como columnas de humo, sahumada de mirra e incienso, de todo polvo aromático del mercader?

He aquí el lecho de Shlomó: sesenta valientes lo rodean, de los valientes de Israel.

Todos ellos empuñan la espada, diestros en la guerra; cada uno con su espada al muslo, por temor de las noches.

Un palanquín se hizo el rey Shlomó con maderas del Levanón.

Sus columnas hizo de plata, su respaldo de oro, su asiento de púrpura; su interior fue tapizado de amor por las hijas de Yerushaláim.

Salgan y vean, hijas de Tzión, al rey Shlomó con la corona con que lo coronó su madre en el día de sus bodas y en el día de la alegría de su corazón.

Capítulo 4

He aquí que eres hermosa, amada mía; he aquí que eres hermosa. Tus ojos son palomas detrás de tu velo. Tu cabello es como rebaño de cabras que descienden del monte Guilad.

Tus dientes son como rebaño de ovejas trasquiladas que suben del lavadero, todas ellas con crías gemelas, y ninguna hay entre ellas sin cría.

Como hilo de escarlata son tus labios, y tu hablar es hermoso. Como mitad de granada es tu sien detrás de tu velo.

Como la torre de David es tu cuello, edificada con hileras de piedras; mil escudos cuelgan de ella, todos ellos escudos de valientes.

Tus dos pechos son como dos cervatillos, mellizos de gacela, que apacientan entre las azucenas.

Hasta que sople la brisa del día y huyan las sombras, me iré al monte de la mirra y a la colina del incienso.

Toda tú eres hermosa, amada mía, y no hay defecto en ti.

Ven conmigo del Levanón, novia mía; conmigo del Levanón vendrás. Mirarás desde la cumbre de Amaná, desde la cumbre de Snir y del Jermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos.

Has cautivado mi corazón, hermana mía, novia mía; has cautivado mi corazón con una de tus miradas, con una sola cuenta de tu collar.

¡Cuán hermosos son tus amores, hermana mía, novia mía! ¡Cuánto mejores son tus amores que el vino, y la fragancia de tus ungüentos que todos los perfumes!

Miel destilan tus labios, novia mía; miel y leche hay debajo de tu lengua, y la fragancia de tus vestidos es como la fragancia del Levanón.

Jardín cerrado eres, hermana mía, novia mía; manantial cerrado, fuente sellada.

Tus renuevos son un huerto de granados con frutos exquisitos, alheña con nardos;

nardo y azafrán, cálamo y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloes, con todos los mejores perfumes.

Fuente de jardines, pozo de aguas vivas que fluyen del Levanón.

¡Despierta, viento del norte, y ven, viento del sur! Soplen sobre mi jardín para que fluyan sus perfumes. Venga mi amado a su jardín y coma de sus frutos exquisitos.

Capítulo 5

He venido a mi jardín, hermana mía, novia mía; he recogido mi mirra con mi perfume; he comido mi panal con mi miel; he bebido mi vino con mi leche. ¡Coman, amigos; beban y embriáguense de amores!

Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama! Ábreme, hermana mía, amada mía, paloma mía, mi perfecta, porque mi cabeza está llena de rocío, mis rizos de las gotas de la noche.

Me he quitado la túnica, ¿cómo he de volver a vestirme? He lavado mis pies, ¿cómo he de ensuciarlos?

Mi amado metió su mano por la abertura, y mis entrañas se conmovieron por él.

Me levanté yo para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, y mis dedos mirra líquida sobre los pestillos de la cerradura.

Abrí yo a mi amado, pero mi amado se había ido, había pasado. Mi alma salió cuando él habló. Lo busqué y no lo hallé; lo llamé y no me respondió.

Me hallaron los guardias que rondan la ciudad; me golpearon, me hirieron; me quitaron mi manto los guardias de las murallas.

Las conjuro, hijas de Yerushaláim: si hallan a mi amado, ¿qué le dirán? Que estoy enferma de amor.

¿Qué tiene tu amado más que otro amado, oh la más hermosa entre las mujeres? ¿Qué tiene tu amado más que otro amado, que así nos conjuras?

Mi amado es blanco y sonrosado, distinguido entre diez mil.

Su cabeza es como oro finísimo; sus rizos son ondulados, negros como el cuervo.

Sus ojos son como palomas junto a corrientes de aguas, bañadas en leche, asentadas en su engaste.

Sus mejillas son como eras de bálsamo, torres de perfumes; sus labios son azucenas que destilan mirra líquida.

Sus manos son cilindros de oro engastados de crisólito; su vientre, marfil pulido cubierto de zafiros.

Sus piernas son columnas de mármol asentadas sobre basas de oro fino; su aspecto es como el Levanón, esbelto como los cedros.

Su paladar es dulcísimo, y todo él es deleitable. Este es mi amado y este es mi amigo, hijas de Yerushaláim.

Capítulo 6

¿Adónde se ha ido tu amado, oh la más hermosa entre las mujeres? ¿Adónde se ha vuelto tu amado, y lo buscaremos contigo?

Mi amado descendió a su jardín, a las eras de bálsamo, para apacentar en los jardines y para recoger azucenas.

Yo soy de mi amado y mi amado es mío, el que apacienta entre las azucenas.

Hermosa eres, amada mía, como Tirtzá; bella como Yerushaláim; imponente como ejércitos con estandartes.

Aparta de mí tus ojos, porque ellos me han vencido. Tu cabello es como rebaño de cabras que descienden del Guilad.

Tus dientes son como rebaño de ovejas que suben del lavadero, todas ellas con crías gemelas, y ninguna hay entre ellas sin cría.

Como mitad de granada es tu sien detrás de tu velo.

Sesenta son las reinas y ochenta las concubinas, y las doncellas sin número.

Pero una sola es mi paloma, mi perfecta; única es para su madre, pura es para la que la dio a luz. La vieron las doncellas y la llamaron dichosa; las reinas y las concubinas la alabaron.

¿Quién es esta que se asoma como el alba, hermosa como la luna, pura como el sol, imponente como ejércitos con estandartes?

Descendí al jardín de los nogales para ver los brotes del valle, para ver si había florecido la vid, si habían brotado los granados.

Sin darme cuenta, mi alma me puso entre los carros de mi noble pueblo.

Capítulo 7

Vuelve, vuelve, oh Shulamit; vuelve, vuelve, para que te contemplemos. ¿Qué contemplarán en la Shulamit? Como la danza de los dos campamentos.

¡Cuán hermosos son tus pasos con las sandalias, hija de noble! Las curvas de tus caderas son como joyas, obra de manos de artista.

Tu ombligo es como una copa redonda, donde no falta el vino mezclado. Tu vientre es como montón de trigo cercado de azucenas.

Tus dos pechos son como dos cervatillos, mellizos de gacela.

Tu cuello es como torre de marfil; tus ojos, como los estanques de Jeshbón junto a la puerta de Bat Rabim; tu nariz, como la torre del Levanón que mira hacia Damasco.

Tu cabeza sobre ti es como el Karmel, y la cabellera de tu cabeza como la púrpura; un rey está preso en sus trenzas.

¡Cuán hermosa eres y cuán dulce, oh amor, entre las delicias!

Esta tu estatura es semejante a la palmera, y tus pechos a los racimos.

Dije: Subiré a la palmera, me asiré de sus ramas. Sean ahora tus pechos como racimos de la vid, y la fragancia de tu aliento como manzanas,

y tu paladar como el buen vino que corre suavemente hacia mi amado, deslizándose por los labios de los que duermen.

Yo soy de mi amado, y hacia mí es su deseo.

Ven, amado mío, salgamos al campo; pasemos la noche en las aldeas.

Madruguemos a las viñas; veamos si ha brotado la vid, si se han abierto los capullos, si han florecido los granados. Allí te daré mis amores.

Las mandrágoras dan fragancia, y a nuestras puertas hay toda clase de frutos exquisitos, nuevos y añejos, que he guardado para ti, amado mío.

Capítulo 8

¡Quién te diera como hermano mío, que mamó los pechos de mi madre! Al hallarte fuera, te besaría, y no me despreciarían.

Te llevaría, te traería a la casa de mi madre —tú me enseñarías—; te daría a beber vino aromático, del mosto de mis granadas.

Su izquierda está bajo mi cabeza, y su derecha me abraza.

Las conjuro, hijas de Yerushaláim: ¿por qué han de despertar y desvelar el amor hasta que quiera?

¿Quién es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado? Debajo del manzano te desperté; allí te concibió tu madre, allí sufrió dolores de parto la que te dio a luz.

Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo, porque fuerte como la muerte es el amor; duro como el Sheol son los celos. Sus brasas son brasas de fuego, llama de Hashem.

Muchas aguas no podrán apagar el amor, ni los ríos lo ahogarán. Si diera el hombre toda la hacienda de su casa por el amor, con desprecio lo despreciarían.

Tenemos una hermana pequeña, que aún no tiene pechos. ¿Qué haremos por nuestra hermana el día en que se hable de ella?

Si ella es muralla, edificaremos sobre ella un torreón de plata; y si es puerta, la cercaremos con tablas de cedro.

Yo soy muralla, y mis pechos como torres; entonces fui a sus ojos como quien halla paz.

Shlomó tuvo una viña en Báal Hamón; entregó la viña a los guardianes; cada uno debía traer por su fruto mil piezas de plata.

Mi viña, la mía, está delante de mí. Las mil sean para ti, Shlomó, y doscientas para los que guardan su fruto.

Tú que habitas en los jardines, los compañeros están atentos a tu voz; hazme oír.

¡Huye, amado mío, y sé semejante a la gacela o al cervatillo sobre los montes de los perfumes!

Oración que se dice después de la lectura de Shir HaShirim

Señor de todos los mundos: sea Tu voluntad, Hashem, Di-s mío y Di-s de mis padres, que por el mérito de Shir HaShirim que he leído y estudiado, que es santo de santos; por el mérito de sus versículos, por el mérito de sus palabras, por el mérito de sus letras, por el mérito de sus vocales, por el mérito de sus acentos melódicos, y por el mérito de Sus Nombres y sus combinaciones, sus alusiones y sus secretos santos y puros y temibles que de él surgen; sea esta hora una hora de misericordia, una hora de escucha, una hora de atención. Que Te llamemos y nos respondas; que Te supliquemos y seas complacido con nosotros. Que suba ante Ti la lectura y el estudio de Shir HaShirim como si hubiéramos alcanzado todos los secretos maravillosos y temibles que en él están sellados con todas sus condiciones; y que merezcamos el lugar del cual son extraídos los espíritus y las almas; y como si hubiéramos hecho todo lo que nos corresponde alcanzar, sea en esta encarnación, sea en otra encarnación. Y que seamos de los que ascienden y merecen el Mundo Venidero junto con los demás justos y piadosos. Y colma todos los pedidos de nuestro corazón para bien. Y sé con nuestro corazón y con las palabras de nuestra boca en el momento de nuestros pensamientos, y con nuestras manos en el momento de nuestras acciones. Y envía bendición y éxito en toda la obra de nuestras manos. Y del polvo levántanos, y de la basura de nuestra pobreza elévanos, y devuelve Tu Presencia a Tu ciudad santa, pronto, en nuestros días. Amén.

Traducción propia del hebreo original. En las citas bíblicas usamos el trato de «ustedes» (español neutro latinoamericano), no el «vosotros» de las ediciones peninsulares.

Preguntas frecuentes

En su lectura literal, Shir HaShirim es un diu00e1logo de amor entre el amado y la amada, lleno de imu00e1genes pastorales: viu00f1as y rebau00f1os, jardines y perfumes, los montes del Levanu00f3n y las viu00f1as de Ein Guedi. Pero la tradiciu00f3n judu00eda nunca lo leyu00f3 como un simple poema de amor: Rabu00ed Akivu00e1 enseu00f1u00f3 que todos los Escritos son santos, pero Shir HaShirim es santo de santos. Por eso ocupa un lugar aparte entre los libros del Tanaj.