Tefilá en la tumba del Rashbí — Oración a Rabí Shimón bar Yojái
Esta oración está basada en el secreto que reveló Rabí Najmán de Breslev sobre la grandeza de Rabí Shimón bar Yojái, quien prometió a Israel que la Torá no será olvidada por medio de él, «pues con este Zohar saldrán del exilio». Es especialmente apropiado decirla junto a su tumba santa, pero también quien no llega allí puede decirla, porque la expansión del alma del Tzadik está en todo el mundo, como se explica en el Zohar HaKadosh. El texto es un clamor por la angustia del exilio y por la propia lejanía de Hashem, y un pedido de Teshuvá completa.
Tefilá en la tumba de Rabí Shimón bar Yojái
Esta oración está basada en el secreto temible que reveló Rabí Najmán de Breslev (en la enseñanza «Lejú Jazú», al comienzo de la primera parte de Likutei Moharán) sobre la grandeza de Rabí Shimón bar Yojái, quien prometió a Israel que la Torá no será olvidada por medio de él, «pues con este Zohar saldrán del exilio». Y qué bueno es decirla junto a su tumba santa, para quien merece llegar allí; pero también quien no ha llegado a la tumba del Rashbí conviene que la diga, porque la expansión del alma del Tzadik está en todo el mundo, como se trae en el Zohar HaKadosh.
Rabí Shimón ben Yojái, «vigilante y santo que del Cielo descendió», lámpara santa, lámpara suprema, lámpara grande, lámpara preciosa: ustedes prometieron a Israel que la Torá no sería olvidada de Israel por medio de ustedes, pues con este Zohar saldrán del exilio; e incluso en la fuerza del ocultamiento dentro del ocultamiento, en las huellas del Mashíaj, en estos días finales, prometieron que aun así la Torá no será olvidada de la boca de nuestra descendencia, como está escrito: «Y Yo ocultaré por completo Mi rostro en aquel día, por todo el mal que hizo; y responderá este cántico delante de él como testigo, porque no será olvidado de la boca de su descendencia». Y he aquí que ahora han llegado los días de los cuales no tenemos deseo, porque se nos ha alargado el exilio y se nos ha prolongado la servidumbre; y cada día vamos empobreciendo, y nuestra mano ha decaído muchísimo, «porque se agotó la fuerza y no queda ni protegido ni desamparado»; porque hemos quedado como huérfanos sin padre, y no hay quien se ponga de pie por nosotros. Y he aquí que en la fuerza del final de este exilio amargo, ya comenzó a destellar el destello del Mashíaj desde los días del divino Arí, la memoria del Tzadik para bendición; y Tu pueblo, la casa de Israel, anhela y añora muchísimo a Hashem, bendito sea, y todos desean temer Tu Nombre con un anhelo intenso y maravilloso, como no lo hubo desde los días antiguos: «Desperté, y aún estoy contigo». He llegado hasta el final de todas las generaciones, y aún estoy contigo; todavía estamos aferrados a Ti, y anhelamos Tu servicio con el alma desfalleciente. Pero, aun así, también la magnitud de nuestra lejanía de Ti en estos tiempos es sin medida, porque nos hemos hundido en un fango profundo y no hay dónde afirmarse; hemos entrado en aguas profundas, y la corriente nos ha arrastrado. Y mira a Tu pueblo Israel, muy abatido, pues es imposible explicar y contar la magnitud de la provocación del adversario, que nos ha provocado muchísimo, hasta hacernos caer profundamente. Y he aquí que yo, en mi pobreza, ¿quién soy yo para contar las angustias de Israel? Sólo ustedes conocen toda la situación y el estado de Israel en estos días finales. Pero he venido a contar y a clamar por mí y por mi alma, por la magnitud de mi lejanía de Hashem, bendito sea, y por la magnitud de mis daños, mis muchas faltas y mis grandes transgresiones; y «por estas cosas yo lloro; mi ojo, mi ojo derrama aguas»; porque no conozco ningún camino para recuperar la fuerza de santidad, ni cómo merecer una Teshuvá completa, ni por qué camino comenzar a abandonar mi mal camino y mis pensamientos indignos, ni cómo y con qué merecer reparar daños y estropicios como éstos. «No conozco mi alma; ¿adónde voy yo?». ¿Adónde llevaré mi enorme vergüenza? ¿Adónde huiré? ¿Dónde me esconderé de mi bochorno y mi humillación? Y dije a las montañas: «Cúbranme», y a las colinas: «Caigan sobre mí». Ay, ¿qué ha sido de mí? Ay, ¿qué ha sido de mí? «Por eso dije: Apártense de mí; lloraré amargamente». Quizá tenga compasión, quizá se apiade, porque «no hay impedimento para Hashem para salvar» también a mí en este momento, pues mucha holgura y salvación hay delante de Él, como está escrito.
«Sé que todo lo puedes, y que ningún propósito Te es imposible; ¿y quién Te dirá qué hacer?». Por eso he venido como un pobre a la puerta, indigente, empobrecido y necesitado, herido y afligido, confundido y trastornado, pobre y dolorido, a clamar y gritar ante el esplendor de la santidad de ustedes: Rabí, Rabí, Rabí, «padre mío, padre mío, carro de Israel y sus jinetes», luz de la lámpara de la Torá: «Despierta, ¿por qué duermes?». ¿Cómo pueden soportar las angustias de Israel? Levántense y despierten, junto con todos los Tzadikim verdaderos, para mirar y ver la amargura de las angustias de nuestra alma. «Despierten y canten, los que moran en el polvo»; levántense, los que duermen en Majpelá, para socorrernos, Tzadikim fundamentos del mundo; levántense en nuestra ayuda en este tiempo de angustia; tengan compasión y piedad de toda la congregación de los hijos de Israel, y entre ellos de mí, el pecador y el dañado, lleno de faltas desde la planta del pie hasta la cabeza. Ustedes conocen «toda la fatiga que nos ha sobrevenido» desde el día en que la tierra fue exiliada hasta ahora: todo lo que pasó sobre el conjunto de Israel en general, y en particular lo que pasó sobre cada uno; y en especial lo que pasó sobre mí desde el día en que fueron emanadas, creadas, formadas y hechas mi Neshamá, mi Rúaj, mi Néfesh y mi cuerpo; todo lo que pasó sobre mí en cada encarnación; y en especial lo que pasó sobre mí en este cuerpo, todo lo que atravesé desde que existo hasta el día de hoy, lo que aún recuerdo y lo que se me ha olvidado. ¿Bastarían todos los carneros de Nevayot para explicar y contar una mínima parte de los daños que causé en un solo día, conforme a dónde llegan esos daños según la raíz de mi alma? Y con cuánta más razón lo que dañé en todos los días que pasaron sobre mí desde el día en que existo hasta el día de hoy (y en especial, etcétera). ¿Quién podrá contarlo? ¿Quién podrá medirlo? ¿Qué diré? ¿De qué me lamentaré? ¿Qué diré, qué hablaré y con qué me justificaré?
Amo del mundo: pon en el corazón de este Tzadik santo y temible (si merece estar en la tumba del Rashbí, dice: que mora aquí), y en el corazón de todos los Tzadikim verdaderos, que no oculten su rostro de mí, y que se pongan de pie por mí como defensores rectos, para interpretar a mi favor y buscar y hallar en mí puntos buenos, y que intercedan favorablemente por mí para que me acerques a Ti con misericordia; y que pongas en mí un corazón nuevo, y un espíritu nuevo pongas dentro de mí, para que merezca despertarme desde ahora, de verdad, para volver a Ti de verdad y con corazón entero. ¡Oh cielos, clamen por mí! Todos los dueños de misericordia y compasión, apiádense de mí. Todos los que moran en el polvo, supliquen por quien está hundido «en un fango profundo y sin dónde afirmarse», como yo.
Rabí, Rabí Shimón ben Yojái: recuerden esto y pónganlo sobre el corazón, que hemos merecido en estas generaciones oír las maravillas temibles de la grandeza de ustedes, cómo está aludido en la Torá que por medio de ustedes la Torá no será olvidada; porque el versículo del cual ustedes trajeron prueba —«porque no será olvidado de la boca de su descendencia»— forma con las últimas letras de sus palabras el nombre Yojái; y el nombre santo de ustedes está aludido en el versículo «vigilante y santo que del Cielo descendió». Ustedes solos conocen el secreto de estas cosas; ustedes solos conocen la grandeza de la promesa que prometieron a Israel, que la Torá no será olvidada de Israel por medio de ustedes, y cómo Moshé Rabenu, la paz sea sobre él, profetizó sobre esto en su Torá santa desde antaño. Por eso he venido a recordarlo. Por favor, maestros míos santos, apiádense de mí y no miren todo el mal que hice desde que existo hasta el día de hoy, en pensamiento, palabra y obra, cuando desobedecí las palabras de Di-s y desprecié el consejo del Altísimo. No miren mis malas obras, y no hagan conmigo conforme a mis faltas, y que no me aborrezcan sus ojos, por cuanto durante tanto tiempo me despiertan con miles y decenas de miles de señales y despertares, y con toda clase de consejos rectos, cada día y en todo momento, para acercarme a Hashem, bendito sea, y yo, con la enorme dureza de mi cerviz, he estropeado y dañado en todo esto, y no he inclinado mis oídos ni mi corazón a nada de ello. Apiádense de mí y no presten atención a todo esto, y que no se encienda su enojo contra mí, Di-s no lo permita; sino que piensen en cómo, desde ahora, yo no sea rechazado de Hashem, bendito sea, ni de ustedes, Di-s no lo permita. Porque todavía «no hay impedimento para Hashem para salvar», también en este momento; porque ahora no tengo ninguna fuerza sino sólo en mi boca, y también eso viene de Él, bendito sea, que no ha abandonado Su bondad y Su verdad conmigo, y ha dado fuerza a un fatigado como yo para decir ahora estas pocas palabras. Y en esto he apoyado mis estacas: que se apiaden de mí y hagan que yo merezca volver de verdad a Hashem, bendito sea (y llegar a Eretz Israel pronto y en paz, y decir todo esto y más que esto allí, sobre el Tzión santo de ustedes). Y que Hashem, el Bueno, con Su misericordia escuche la oración de ustedes, y ayude, proteja y salve a mí y a todo Israel por causa de ustedes; y me haga volver en Teshuvá completa delante de Él pronto; y me sostenga y no me suelte; y no me abandone ni me deje de ninguna manera, hasta que merezca volver a Él de verdad, y ser conforme a Su buena voluntad desde ahora y para siempre; y reparar en mi vida todo lo que he dañado, con la fuerza y el mérito de los Tzadikim verdaderos, en quienes solamente me apoyo para ordenar estas palabras mías delante de ellos y delante de Hashem, bendito sea, Dueño de las misericordias, Conocedor de lo oculto. «Hashem cumplirá por mí; Hashem, Tu bondad es para siempre; no abandones las obras de Tus manos». «Saca mi alma de la prisión, para agradecer a Tu Nombre; los tzadikim me rodearán, porque me colmarás de bien».
Traducción propia del hebreo original. En las citas bíblicas usamos el trato de «ustedes» (español neutro latinoamericano), no el «vosotros» de las ediciones peninsulares.
Preguntas frecuentes
No. El texto indica que es especialmente bueno decirla junto a la tumba santa del Rashbu00ed, para quien merece llegar allu00ed, pero tambiu00e9n quien no ha llegado conviene que la diga. La razu00f3n que se da es que la expansiu00f3n del alma del Tzadik estu00e1 en todo el mundo, como se trae en el Zohar HaKadosh.
Estu00e1 basada en el secreto que revelu00f3 Rabu00ed Najmu00e1n de Breslev en la enseu00f1anza u00abLeju00fa Jazu00fau00bb, al comienzo de la primera parte de Likutei Moharu00e1n, sobre la grandeza de Rabu00ed Shimu00f3n bar Yoju00e1i. Allu00ed se explica su promesa a Israel de que la Toru00e1 no seru00e1 olvidada, u00abpues con este Zohar saldru00e1n del exiliou00bb.
Segu00fan esta oraciu00f3n, el versu00edculo del cual el Rashbu00ed trajo prueba u2014u00abporque no seru00e1 olvidado de la boca de su descendenciau00bbu2014 forma con las u00faltimas letras de sus palabras el nombre Yoju00e1i. Y el nombre santo del Rashbu00ed estu00e1 aludido tambiu00e9n en el versu00edculo u00abvigilante y santo que del Cielo descendiu00f3u00bb.
Se pide que el Tzadik y todos los Tzadikim verdaderos no oculten su rostro, sino que interpreten a favor de quien reza, hallen en u00e9l puntos buenos e intercedan por u00e9l. El pedido central es merecer un corazu00f3n nuevo y un espu00edritu nuevo, para volver a Hashem en Teshuvu00e1 completa y de verdad.