Séder Hadlakat Nerot de Janucá — Cómo encender las velas de Janucá
Cada noche de Janucá se encienden las velas en la entrada que da a la vía pública, a causa de la publicación del milagro. Antes de encender se dicen las berajot “lehadlik ner Janucá” y “sheasá nisim laavotenu”, y en la primera noche se agrega también “Shehejeianu”. Después del encendido se dice “Hanerot Halalu”, y se completa el séder con Maoz Tzur, salmos y “Aná Bejóaj”.
La mitzvá de la vela de Janucá es encenderla en la entrada contigua a la vía pública, a causa del milagro. Si uno tiene una ventana que da a la vía pública, enciende allí las velas; y si no, las enciende junto a la entrada. Y es mitzvá colocarlas dentro del téfaj (palmo) contiguo a la entrada, del lado izquierdo, de modo que la mezuzá quede a la derecha y la vela a la izquierda; y así resulta que uno está rodeado de mitzvot.
Oración del Gaón Rabí Tzví Elimélej de Dinov, autor de “Bené Yissasjar”, de bendita memoria, para decir antes de encender las velas de Janucá:
En aras de la unificación del Santo, bendito sea, y Su Shejiná, con temor y amor, y amor y temor, para unificar el Nombre Iud-He con Vav-He en unidad perfecta, en nombre de todo Israel. He aquí que dirijo mi intención, al encender la vela de Janucá, a cumplir la mitzvá de mi Creador, tal como me ordenaron nuestros Sabios, de bendita memoria, para reparar su raíz en el lugar supremo.
Y por ello, sea Tu voluntad, Hashem, Di-s nuestro y Di-s de nuestros padres, que sea estimada, aceptada y grata ante Ti la mitzvá de encender la vela de Janucá, como si yo hubiera dirigido todas las intenciones que dirigieron los kohanim, servidores de Hashem, en el momento en que expusieron su vida a la muerte por el honor de Tu Nombre grande, poderoso y temible. Y Tú, con Tu abundante misericordia, despertaste Tu victoria sobre ellos, para vencer a sus enemigos y para dirigir la obra de la Casa de Hashem. Y he aquí que yo actúo conforme al entendimiento de ellos y a su intención, y conforme al entendimiento de todos los tzadikim y jasidim que hubo en aquella generación, sobre quienes derramaste Tus milagros y merecieron iluminarse con la luz de la vida; y conforme al entendimiento de todos los tzadikim y jasidim de nuestras generaciones. Y sea mi boca como la boca de ellos, y mi acción como la acción de ellos. Y por el mérito de esta mitzvá, concédenos vencer a nuestros enemigos y dirigir la obra de la Casa de Hashem; y revela sobre nosotros pronto el honor de Tu reinado, y que no se aparte la Torá de nuestra boca, ni de la boca de nuestra descendencia, ni de la boca de la descendencia de nuestra descendencia, desde ahora y para siempre; y que merezcamos hijos talmidé jajamim. Amén, que así sea Tu voluntad. Santifícanos con Tus mitzvot y danos nuestra parte en Tu Torá; sácianos de Tu bondad y alegra nuestra alma con Tu salvación; y purifica nuestro corazón para servirte en verdad. Reina sobre todo el mundo entero con Tu gloria, y elévate sobre toda la tierra con Tu esplendor, y manifiéstate con la majestad del orgullo de Tu fuerza sobre todos los habitantes del mundo, Tu tierra. Y sepa toda obra que Tú la hiciste, y comprenda toda criatura que Tú la formaste, y diga todo aquel que tiene aliento en su nariz (“beapó”, en guematria: Janucá): “Hashem, Di-s de Israel, es Rey, y Su reinado sobre todo domina” (en guematria: 26 veces “Janá”, letras de “Janucá”; y en guematria: “Matitiahu ben Iojanán, kohén gadol jashmonái, y sus hijos”). Amén, por siempre, sela y para toda la eternidad.
Antes de encender las velas de Janucá se dicen las berajot “lehadlik ner” y “sheasá nisim”:
Bendito eres Tú, Hashem, Di-s nuestro, Rey del universo, que nos santificó con Sus mitzvot y nos ordenó encender la vela de Janucá.
Bendito eres Tú, Hashem, Di-s nuestro, Rey del universo, que hizo milagros a nuestros padres en aquellos días, en esta época.
Y en la primera noche de Janucá, al encender las velas, se agrega la berajá de “Shehejeianu”:
Bendito eres Tú, Hashem, Di-s nuestro, Rey del universo, que nos dio vida, nos sostuvo y nos hizo llegar a esta época.
Y enciende las velas de Janucá, y dice:
Estas velas las encendemos por los milagros, por las maravillas, por las salvaciones y por las guerras que hiciste a nuestros padres en aquellos días, en esta época, por medio de Tus kohanim sagrados; y todos los ocho días de Janucá. Estas velas son sagradas, y no tenemos permiso de servirnos de ellas, sino solamente de mirarlas, a fin de agradecer y alabar a Tu gran Nombre, por Tus milagros, por Tus maravillas y por Tu salvación.
(El nombre del autor está firmado en las iniciales de las estrofas: “Mordejai Jazak”.)
Fortaleza, Roca de mi salvación: a Ti conviene alabar. Sea restablecida mi casa de oración, y allí ofrendaremos agradecimiento. Cuando prepares la matanza del enemigo que ladra, entonces completaré con canto y salmo la inauguración del altar.
De males se sació mi alma; con pena consumió mi fuerza. Amargaron mi vida con dureza, bajo el yugo del reino de Eglá. Y con Su gran mano sacó al pueblo elegido; el ejército del Faraón y toda su descendencia bajaron como piedra a lo profundo.
A Su santuario me trajo, y aun allí no tuve sosiego. Y vino el opresor y me exilió, porque serví a extraños; y bebí vino de veneno; por poco perecí. El fin de Bavel — Zerubavel — al cabo de setenta años fui salvado.
Talar la altura del ciprés buscó el agaguita, hijo de Hamdatá; pero se le volvió trampa y lazo, y su soberbia fue acallada. La cabeza del benjaminita elevaste, y el nombre del enemigo borraste; a sus muchos hijos y a sus posesiones sobre el madero colgaste.
Los griegos se congregaron contra mí, entonces, en los días de los jashmonaim; y abrieron brecha en las murallas de mis torres, y contaminaron todos los aceites. Y del último de los frascos se hizo un milagro para las rosas. Los hombres de entendimiento establecieron ocho días de canto y alabanzas.
Descubre Tu brazo santo y acerca el fin de la salvación. Venga la sangre de Tus siervos de la nación malvada, porque se nos ha hecho larga la hora y no hay fin para los días del mal. Rechaza a Admón en la sombra de Tzalmón; levántanos los siete pastores.
Salmo, cántico para la inauguración de la Casa, de David. Te exaltaré, Hashem, porque me elevaste y no alegraste a mis enemigos a mi costa. Hashem, Di-s mío, clamé a Ti y me sanaste. Hashem, hiciste subir mi alma del Sheol, me diste vida de entre los que descienden a la fosa. Canten a Hashem, Sus piadosos, y agradezcan a Su santo recuerdo. Porque un instante dura Su ira, y una vida Su favor; al anochecer se aloja el llanto, y a la mañana, el júbilo. Y yo dije en mi tranquilidad: “No seré movido jamás”. Hashem, con Tu favor afirmaste mi monte fuerte; ocultaste Tu rostro, y quedé consternado. A Ti, Hashem, clamo, y a Hashem suplico: “¿Qué provecho hay en mi sangre, en que yo descienda a la fosa? ¿Acaso Te agradecerá el polvo? ¿Acaso declarará Tu verdad? Escucha, Hashem, y ten piedad de mí; Hashem, sé mi ayuda”. Convertiste mi lamento en danza; desataste mi cilicio y me ceñiste de alegría, para que mi gloria Te cante y no calle. Hashem, Di-s mío, para siempre Te agradeceré.
Para el director, con instrumentos de cuerda; salmo, cántico. Di-s se apiade de nosotros y nos bendiga; ilumine Su rostro con nosotros, sela. Para que se conozca en la tierra Tu camino, en todas las naciones Tu salvación. Te agradecerán los pueblos, Di-s; Te agradecerán los pueblos, todos ellos. Se alegrarán y cantarán las naciones, porque juzgarás a los pueblos con rectitud, y a las naciones en la tierra guiarás, sela. Te agradecerán los pueblos, Di-s; Te agradecerán los pueblos, todos ellos. La tierra dio su cosecha; nos bendecirá Di-s, nuestro Di-s. Nos bendecirá Di-s, y Le temerán todos los confines de la tierra.
Canten con júbilo, tzadikim, a Hashem; a los rectos conviene la alabanza. Agradezcan a Hashem con el arpa; con el laúd de diez cuerdas cántenle. Cántenle un cántico nuevo; toquen bien, con clamor. Porque recta es la palabra de Hashem, y toda Su obra es con fidelidad. Ama la justicia y el juicio; de la bondad de Hashem está llena la tierra. Por la palabra de Hashem fueron hechos los cielos, y por el aliento de Su boca todo su ejército. Reúne como un dique las aguas del mar; pone en depósitos los abismos. Teman a Hashem toda la tierra; ante Él tiemblen todos los habitantes del mundo. Porque Él dijo y fue; Él ordenó y se mantuvo. Hashem anuló el consejo de las naciones; frustró los pensamientos de los pueblos. El consejo de Hashem permanece para siempre; los pensamientos de Su corazón, de generación en generación. Feliz la nación cuyo Di-s es Hashem, el pueblo que Él eligió como heredad para Sí. Desde los cielos miró Hashem; vio a todos los hijos del hombre. Desde el lugar de Su morada observó a todos los habitantes de la tierra. Él, que forma juntos sus corazones, que comprende todas sus obras. No se salva el rey por la abundancia de su ejército; el poderoso no se libra por la abundancia de su fuerza. Vano es el caballo para la salvación; con la abundancia de su fuerza no salva. He aquí que el ojo de Hashem está sobre los que Le temen, sobre los que esperan en Su bondad, para librar de la muerte su alma y darles vida en el hambre. Nuestra alma esperó a Hashem; Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Porque en Él se alegrará nuestro corazón, porque en Su santo Nombre confiamos. Sea Tu bondad, Hashem, sobre nosotros, tal como hemos esperado en Ti.
Después de encender las velas de Janucá se dice “Aná Bejóaj” siete veces:
Por favor, con la fuerza de la grandeza de Tu diestra, libera a la atada. (Abg Iatatz)
Acepta el canto de Tu pueblo; fortalécenos, purifícanos, Temible. (Kra Satán)
Por favor, Poderoso, a quienes buscan Tu unidad guárdalos como a la niña del ojo. (Nagd Iejash)
Bendícelos, purifícalos; la misericordia de Tu justicia otórgales siempre. (Batar Tzatag)
Fuerte y Santo, con Tu abundante bondad conduce a Tu congregación. (Jakav Tana)
Único, Excelso, vuélvete a Tu pueblo, a quienes recuerdan Tu santidad. (Iagal Pezak)
Recibe nuestro clamor y escucha nuestro grito, Conocedor de los secretos. (Shakvu Tzit)
Y se dice en voz baja: Bendito sea el Nombre de la gloria de Su reino por siempre jamás.
Y hay quienes acostumbran decir “Vihí Nóam” y “Yoshev Beséter” siete veces (al encender las velas de Janucá):
Y sea la dulzura de Hashem, nuestro Di-s, sobre nosotros; y la obra de nuestras manos afirma sobre nosotros, y la obra de nuestras manos, afírmala.
El que habita al amparo del Altísimo, a la sombra del Todopoderoso mora. Diré de Hashem: “Mi refugio y mi fortaleza; mi Di-s, en Él confío”. Porque Él te librará de la trampa del cazador, de la peste destructora. Con Su ala te cubrirá, y bajo Sus alas hallarás refugio; escudo y broquel es Su verdad. No temerás al terror de la noche, ni a la flecha que vuela de día; ni a la peste que camina en la oscuridad, ni a la plaga que asola al mediodía. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; a ti no llegará. Solamente con tus ojos mirarás, y verás la retribución de los malvados. Porque Tú, Hashem, eres mi refugio; al Altísimo pusiste por tu morada. No te sobrevendrá el mal, ni plaga se acercará a tu tienda. Porque a Sus ángeles ordenará por ti, para guardarte en todos tus caminos. Sobre las palmas te llevarán, no sea que tropiece tu pie en la piedra. Sobre el león y la víbora pisarás; hollarás al cachorro y a la serpiente. “Porque en Mí se aferró, lo libraré; lo elevaré, porque conoció Mi Nombre. Me llamará y le responderé; con él estaré Yo en la angustia; lo rescataré y lo honraré. Con largura de días lo saciaré, y le mostraré Mi salvación. Con largura de días lo saciaré, y le mostraré Mi salvación”.
Cántico de las subidas, de David. He aquí cuán bueno y cuán agradable es que hermanos habiten también juntos. Como el buen aceite sobre la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aharón, que desciende sobre el borde de sus vestiduras. Como el rocío del Jermón que desciende sobre las montañas de Tzión; porque allí ordenó Hashem la bendición: vida para siempre.
Hasta aquí el séder de encendido de las velas de Janucá. ¡Jag Janucá saméaj!
La mitzvá de la vela de Janucá es encenderla en la entrada contigua a la vía pública, a causa del milagro. Si uno tiene una ventana que da a la vía pública, enciende allí las velas; y si no, las enciende junto a la entrada. Y es mitzvá colocarlas dentro del téfaj (palmo) contiguo a la entrada, del lado izquierdo, de modo que la mezuzá quede a la derecha y la vela a la izquierda; y así resulta que uno está rodeado de mitzvot.
Oración del Gaón Rabí Tzví Elimélej de Dinov, autor de “Bené Yissasjar”, de bendita memoria, para decir antes de encender las velas de Janucá:
Leshem yijud Kudshá Berij Hu uShjinteh, bidjilú urjimú urjimú udjilú, leyajed shem Iud-He beVav-He beyijudá shelim beshem kol Israel. Hinení mejavén behadlakat ner Janucá lekaiem mitzvat Borí, kaasher tzivuní Jajamenu zal, letakén et shorshá bemakom elión.
Uvjén yehí ratzón milefanejá, Adonai Elohenu vElohé avotenu, shetehé jashuvá umkubélet umrutzá lefanejá mitzvat hadlakat ner Janucá, keilú kivantí kol hakavanot shekivnú hakohanim mesharté haShem, beet asher heerú lamávet nafsham bishvil kevod shimjá hagadol haguibor vehanorá. VeAtá berajameja harabim orarta nitzjajá alehem lenatzéaj et oivehem ulnatzéaj al meléjet Bet Adonai. Vehinení osé al datam veal kavanatam veal dáat kol hatzadikim vehajasidim shehaiú beotó hador shehishpata lahem niseja vezajú leor beor hajaím, veal dáat kol hatzadikim vehajasidim shebedorotenu, ufi kefihem vaasiatí kaasiatam. Uvizjut hamitzvá hazot tezakenu lenatzéaj et oivenu ulnatzéaj al meléjet Bet Adonai, vegalé kevod maljutejá alenu meherá, veló iamush haTorá mipinu umipí zarenu umipí zera zarenu meatá vead olam, venizké levanim talmidé jajamim, amén ken yehí ratzón. Kadeshenu bemitzvoteja vetén jelkenu betoratejá, sabenu mituvejá vesamaj nafshenu bishuatejá, vetaher libenu leovdejá beemet. Meloj al kol haolam kuló bijvodejá, vehinasé al kol haáretz bikareja, vehofá bahadar gueón uzeja al kol ioshvé tevel artzeja, veiedá kol paul ki Atá faaltó, veiavín kol ietzir ki Atá ietzartó, veiomar kol asher neshamá beapó (en guematria: Janucá): “Adonai Elohé Israel Mélej, umaljutó bakol mashala” (en guematria: 26 veces “Janá”, letras de “Janucá”; y en guematria: “Matitiahu ben Iojanán, kohén gadol jashmonái, uvanav”). Amén nétzaj sela vaed.
Antes de encender las velas de Janucá se dicen las berajot “lehadlik ner” y “sheasá nisim”:
Baruj Atá Adonai Elohenu Mélej haolám, asher kideshanu bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner Janucá.
Baruj Atá Adonai Elohenu Mélej haolám, sheasá nisim laavotenu baiamim hahem bazmán hazé.
Y en la primera noche de Janucá, al encender las velas, se agrega la berajá de “Shehejeianu”:
Baruj Atá Adonai Elohenu Mélej haolám, shehejeianu vekiemanu vehiguianu lazmán hazé.
Y enciende las velas de Janucá, y dice:
Hanerot halalu anu madlikin al hanisim veal haniflaot veal hatshuot veal hamiljamot, sheasita laavotenu baiamim hahem bazmán hazé, al iedé kohaneja hakedoshim. Vejol mitzvat shmonat iemé Janucá, hanerot halalu kódesh hem, veén lanu reshut lehishtamesh bahem, elá lirotam bilvad, kedé lehodot ulhalel leshimjá hagadol, al niseja veal nifleoteja veal ieshuateja.
(El nombre del autor está firmado en las iniciales de las estrofas: “Mordejai Jazak”.)
Maoz tzur ieshuatí, lejá naé leshabéaj. Tikón bet tefilatí, vesham todá nezabéaj. Leet tajín matbéaj mitzar hamnabéaj, az egmor beshir mizmor janukat hamizbéaj.
Raot savá nafshí, beiagón kojí kilá. Jaiai mareru vekushí, beshibud maljut eglá. Uveiadó haguedolá hotzí et hasgulá, jel Paró vejol zaró iaredu keéven bimtzulá.
Dvir kodshó hevianí, vegam sham lo shakattí. Uvá noguesh vehiglaní, ki zarim avadetí. Veién ráal masajtí, kimat sheavartí. Ketz Bavel, Zerubavel, leketz shivim noshatí.
Kerot komat berosh bikesh, Agaguí ben Hamdatá. Venihiatá lo lefaj ulmokesh, vegaavató nishbatá. Rosh Ieminí niseta, veoiev shmo majita. Rov banav vekiniyanav al haetz talita.
Ievanim nikbetzú alai, azai bimé Jashmanim. Ufartzú jomot migdalai, vetimú kol hashmanim. Uminotar kankanim, naasé nes lashoshanim. Bené viná iemé shmoná, kavú shir urnanim.
Jasof zróa kodsheja, vekarev ketz haieshuá. Nekom nikmat dam avadeja meumá harshaá. Ki arjá lanu hashaá, veén ketz limé haraá. Dejé Admón betzel tzalmón, hakem lanu roé shivá.
Mizmor shir janukat habáyit leDavid: Aromimjá Adonai ki dilitani, veló simajta oivai li: Adonai Elohai, shivatí Eleja vatirpaení: Adonai, heelita min Sheol nafshí, jiitani miiordí vor: Zamrú lAdonai jasidav, vehodú lezéjer kodshó: Ki réga beapó, jaím birtzonó; baérev ialín beji, velabóker riná: Vaaní amartí veshalví, bal emot leolam: Adonai birtzonjá heemadta lehararí oz; histarta faneja, hayití nivhal: Eleja Adonai ekrá, veel Adonai etjanán: Ma bétza bedamí beridtí el shájat, haiodejá afar, haiaguid amiteja: Shemá Adonai vejoneni, Adonai heié ozer li: Hafajta mispedí lemajol li, pitajta sakí vateazreni simjá: Lemáan iezamerjá javod veló yidom, Adonai Elohai leolam odeka.
Lamnatzéaj binguinot mizmor shir: Elohim iejonenu vivarjenu, iaer panav itanu, sela: Ladáat baáretz darkeja, bejol goyim ieshuateja: Iodujá amim Elohim, iodujá amim kulam: Yismejú viranenú leumim, ki tishpot amim mishor, ulumim baáretz tanjem sela: Iodujá amim Elohim, iodujá amim kulam: Éretz natná ievuláh, ievarjenu Elohim Elohenu: Ievarjenu Elohim, veyireú otó kol afsé áretz.
Ranenú tzadikim bAdonai, laisharim navá tehilá: Hodú lAdonai bejinor, benével asor zamrú lo: Shirú lo shir jadash, hetivu naguén bitruá: Ki iashar dvar Adonai, vejol maasehu beemuná: Ohev tzedaká umishpat, jésed Adonai malá haáretz: Bidvar Adonai shamáyim naasú, uverúaj piv kol tzevaam: Konés kaned mé haiam, notén beotzarot tehomot: Yireú meAdonai kol haáretz, mimenu iaguru kol ioshvé tevel: Ki Hu amar vaiehí, Hu tzivá vaiaamod: Adonai hefir atzat goyim, hení majshevot amim: Atzat Adonai leolam taamod, majshevot libó ledor vador: Ashré hagoi asher Adonai Elohav, haam bajar lenajalá lo: Mishamáyim hibit Adonai, raá et kol bené haadam: Mimjón shivtó hishguíaj el kol ioshvé haáretz: Haiotzer iájad libam, hamevín el kol maasehem: En hamélej noshá berov jáil, guibor lo yinatzel berov kóaj: Shéker hasus litshuá, uverov jeló lo iemalet: Hiné en Adonai el iereav, lamiajalim lejasdó: Lehatzil mimávet nafsham, uljaiotam baraav: Nafshenu jiketá lAdonai, ezrenu umaguinenu Hu: Ki vo yismaj libenu, ki veshem kodshó vatajnu: Iehí jasdejá Adonai alenu, kaasher yijalnu Laj.
Después de encender las velas de Janucá se dice “Aná Bejóaj” siete veces:
Aná bejóaj guedulat ieminjá, tatir tzerurá. (Abg Iatatz)
Kabel rinat amejá, sagvenu, taharenu, Norá. (Kra Satán)
Ná guibor, dorshé ijudejá kevavat shomrem. (Nagd Iejash)
Barjem taharem, rajamé tzidkatejá tamid gomlem. (Batar Tzatag)
Jasín kadosh, berov tuvjá nahel adateja. (Jakav Tana)
Iajid Geé, leamejá pené, zojré kedushateja. (Iagal Pezak)
Shavatenu kabel ushmá tzaakatenu, Iodéa taalumot. (Shakvu Tzit)
Y se dice en voz baja: Baruj shem kevod maljutó leolam vaed.
Y hay quienes acostumbran decir “Vihí Nóam” y “Yoshev Beséter” siete veces (al encender las velas de Janucá):
Vihí nóam Adonai Elohenu alenu, umaasé iadenu konená alenu, umaasé iadenu konenehu.
Ioshev beséter Elión, betzel Shadai yitlonán: Omar lAdonai majsí umtzudatí, Elohai evtaj bo: Ki Hu iatzilejá mipaj iakush, midéver havot: Beevrató iásej laj, vetájat kenafav tejsé, tziná vesojerá amitó: Lo tirá mipájad láila, mejetz iauf iomam: Midéver baófel iahaloj, mikétev iashud tzohoráyim: Yipol mitzidejá élef, urvavá mimineja, eleja lo yigash: Rak beeneja tabit, veshilumat reshaim tiré: Ki Atá Adonai majsí, Elión samta meoneja: Lo teuné eleja raá, venega lo yikrav beaholeja: Ki malajav ietzavé laj, lishmorjá bejol drajeja: Al kapáyim yisaunja, pen tigof baéven ragleja: Al shájal vaféten tidroj, tirmós kefir vetanín: Ki vi jashak vaafaletehu, asagvehu ki iadá shemí: Yikraení veeenehu, imó Anojí vetzará, ajaletzehu vaajabdehu: Órej iamim asbiehu, vearehu bishuatí: Órej iamim asbiehu, vearehu bishuatí.
Shir hamaalot leDavid: Hiné ma tov umá naím, shévet ajim gam iájad: Kashémen hatov al harosh, ioréd al hazakán, zekán Aharón, sheioréd al pi midotav: Ketal Jermón sheioréd al harerí Tzión, ki sham tzivá Adonai et haberajá, jaím ad haolam.
Hasta aquí el séder de encendido de las velas de Janucá. ¡Jag Janucá saméaj!
Traducción propia del hebreo original. En las citas bíblicas usamos el trato de «ustedes» (español neutro latinoamericano), no el «vosotros» de las ediciones peninsulares.
Preguntas frecuentes
Antes de encender se dicen dos berajot: u201casher kideshanu bemitzvotav vetzivanu lehadlik ner Janucu00e1u201d y u201csheasu00e1 nisim laavotenu baiamim hahem bazmu00e1n hazu00e9u201d. En la primera noche de Janucu00e1 se agrega tambiu00e9n la beraju00e1 de u201cShehejeianuu201d. Luego se encienden las velas y se dice u201cHanerot Halaluu201d.
La mitzvu00e1 es encender en la entrada contigua a la vu00eda pu00fablica, a causa de la publicaciu00f3n del milagro. Si hay una ventana que da a la vu00eda pu00fablica, se encienden allu00ed; y si no, junto a la entrada. Se colocan dentro del tu00e9faj (palmo) contiguo a la puerta, del lado izquierdo, de modo que la mezuzu00e1 quede a la derecha y la vela a la izquierda, y asu00ed uno queda rodeado de mitzvot.
No. Como se declara en u201cHanerot Halaluu201d: estas velas son sagradas y no tenemos permiso de servirnos de ellas, sino solamente de mirarlas, a fin de agradecer y alabar el gran Nombre de Hashem por Sus milagros, Sus maravillas y Su salvaciu00f3n. Esto rige durante los ocho du00edas de Janucu00e1.
Despuu00e9s del encendido se dice u201cHanerot Halaluu201d, y luego se acostumbra decir u201cAnu00e1 Beju00f3aju201d siete veces. Hay quienes acostumbran decir tambiu00e9n u201cVihu00ed Nu00f3amu201d y u201cYoshev Besu00e9teru201d siete veces. El su00e9der incluye ademu00e1s Maoz Tzur y los salmos u201cMizmor Shir Janukat HaBu00e1yitu201d, u201cLamnatzu00e9aj Binguinotu201d y u201cRanenu00fa Tzadikimu201d.