El Salmo 90 es el único capítulo de Tehilim atribuido a Moshé, y con él comienza el cuarto libro del salterio. Su tema es el contraste entre Di-s, que es morada desde antes de que nacieran las montañas, y el hombre, cuya vida se mide en setenta u ochenta años y se marchita como la hierba que florece de mañana y se seca al atardecer. Mil años ante Di-s, dice el versículo 4, son como el día de ayer que ya pasó.
El pedido central es el del versículo 12: «enséñanos a contar así nuestros días, para que traigamos un corazón sabio». No pide más años sino saber qué hacer con los que hay. El salmo se dice en Shabat y en las festividades como parte de Pesukei DeZimrá, y su último versículo, «y sea la dulzura del Señor nuestro Di-s sobre nosotros», cierra también otras partes de la liturgia.
Cuándo se dice:
En Shabat y festividades, en Pesukei DeZimrá
1
תְּפִלָּה לְמֹשֶׁה אִישׁ־הָאֱלֹהִים אֲדֹנָי מָעוֹן אַתָּה הָיִיתָ לָּנוּ בְּדֹר וָדֹר׃
Tefilá leMoshé ish haElohim. Adonai maón atá hayíta lánu bedor vador.
Oración de Moshé, hombre de Di-s. Señor, tú has sido morada para nosotros de generación en generación.
2
בְּטֶרֶם הָרִים יֻלָּדוּ וַתְּחוֹלֵל אֶרֶץ וְתֵבֵל וּמֵעוֹלָם עַד־עוֹלָם אַתָּה אֵל׃
Betérem harim yuládu, vatejolel éretz vetevel, umeolam ad olam atá El.
Antes de que nacieran las montañas, y de que dieras a luz la tierra y el mundo, desde siempre y para siempre tú eres Di-s.
3
תָּשֵׁב אֱנוֹשׁ עַד־דַּכָּא וַתֹּאמֶר שׁוּבוּ בְנֵי־אָדָם׃
Tashev enosh ad daká, vatómer shúvu venei adam.
Haces volver al hombre hasta el polvo y dices: vuelvan, hijos del hombre.
4
כִּי אֶלֶף שָׁנִים בְּעֵינֶיךָ כְּיוֹם אֶתְמוֹל כִּי יַעֲבֹר וְאַשְׁמוּרָה בַלָּיְלָה׃
Ki élef shanim beenéja keyom etmol ki yaavor, veashmurá valáila.
Porque mil años a tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia en la noche.
5
זְרַמְתָּם שֵׁנָה יִהְיוּ בַּבֹּקֶר כֶּחָצִיר יַחֲלֹף׃
Zeramtam shená yihyú, babóker kejatzir yajalof.
Los arrastras, son un sueño; por la mañana son como la hierba que se renueva.
6
בַּבֹּקֶר יָצִיץ וְחָלָף לָעֶרֶב יְמוֹלֵל וְיָבֵשׁ׃
Babóker yatzitz vejalaf, laérev yemolel veyavesh.
Por la mañana florece y se renueva; al atardecer se marchita y se seca.
7
כִּי־כָלִינוּ בְאַפֶּךָ וּבַחֲמָתְךָ נִבְהָלְנוּ׃
Ki jalínu veapéja, uvajamatejá nivhálnu.
Porque nos consumimos en tu ira, y por tu furor nos aterramos.
8
שַׁתָּה עֲוֺנֹתֵינוּ לְנֶגְדֶּךָ עֲלֻמֵנוּ לִמְאוֹר פָּנֶיךָ׃
Shatá avonoténu lenegdéja, alumenu limor panéja.
Pusiste nuestras iniquidades delante de ti, nuestros secretos a la luz de tu rostro.
9
כִּי כָל־יָמֵינוּ פָּנוּ בְעֶבְרָתֶךָ כִּלִּינוּ שָׁנֵינוּ כְמוֹ־הֶגֶה׃
Ki jol yaménu panú veevratéja, kilínu shanénu jemo hegue.
Porque todos nuestros días declinan en tu enojo; consumimos nuestros años como un suspiro.
10
יְמֵי־שְׁנוֹתֵינוּ בָהֶם שִׁבְעִים שָׁנָה וְאִם בִּגְבוּרֹת שְׁמוֹנִים שָׁנָה וְרָהְבָּם עָמָל וָאָוֶן כִּי־גָז חִישׁ וַנָּעֻפָה׃
Yemei shenoténu vahem shivim shaná, veim bigvurot shmonim shaná, verohbam amal vaáven, ki gaz jish vanaúfa.
Los días de nuestros años son setenta años, y si con vigor, ochenta años; y lo mejor de ellos es trabajo y vanidad, porque pasa deprisa y volamos.
11
מִי־יוֹדֵעַ עֹז אַפֶּךָ וּכְיִרְאָתְךָ עֶבְרָתֶךָ׃
Mi yodéa oz apéja, ujyiratejá evratéja.
¿Quién conoce la fuerza de tu ira? Y conforme al temor que se te debe es tu furor.
12
לִמְנוֹת יָמֵינוּ כֵּן הוֹדַע וְנָבִא לְבַב חָכְמָה׃
Limnot yaménu ken hodá, venaví levav jojmá.
Enséñanos a contar así nuestros días, para que traigamos un corazón sabio.
13
שׁוּבָה יְהוָה עַד־מָתָי וְהִנָּחֵם עַל־עֲבָדֶיךָ׃
Shuvá Adonai ad matai, vehinajem al avadéja.
Vuelve, Hashem, ¿hasta cuándo? Y ten compasión de tus siervos.
14
שַׂבְּעֵנוּ בַבֹּקֶר חַסְדֶּךָ וּנְרַנְּנָה וְנִשְׂמְחָה בְּכָל־יָמֵינוּ׃
Sabeénu vabóker jasdéja, unranená venismejá bejol yaménu.
Sácianos por la mañana con tu bondad, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
15
שַׂמְּחֵנוּ כִּימוֹת עִנִּיתָנוּ שְׁנוֹת רָאִינוּ רָעָה׃
Samejénu kimot initánu, shenot raínu raá.
Alégranos conforme a los días en que nos afligiste, los años en que vimos el mal.
16
יֵרָאֶה אֶל־עֲבָדֶיךָ פָעֳלֶךָ וַהֲדָרְךָ עַל־בְּנֵיהֶם׃
Yeraé el avadéja faoléja, vahadarjá al benehem.
Que se vea tu obra en tus siervos, y tu esplendor sobre sus hijos.
17
וִיהִי נֹעַם אֲדֹנָי אֱלֹהֵינוּ עָלֵינוּ וּמַעֲשֵׂה יָדֵינוּ כּוֹנְנָה עָלֵינוּ וּמַעֲשֵׂה יָדֵינוּ כּוֹנְנֵהוּ׃
Vihí nóam Adonai Elohénu alénu, umaasé yadénu konená alénu, umaasé yadénu konenehu.
Y sea la dulzura del Señor, nuestro Di-s, sobre nosotros; y la obra de nuestras manos afírmala sobre nosotros; sí, la obra de nuestras manos, afírmala.