El Salmo 39 está dedicado a Yedutún, uno de los levitas a quienes David encomendó el canto en el servicio del Templo, y cuyo nombre encabeza también otros salmos.
Comienza con una decisión de silencio: David resuelve no pecar con su lengua mientras el malvado esté frente a él. Pero el silencio no alivia, sino que aumenta la presión interior hasta que finalmente habla, y lo que pide es inesperado: no la caída de sus enemigos, sino saber cuál es la medida de sus días.
De ahí surgen las imágenes más conocidas del salmo: los días medidos como un palmo, el hombre que anda como una sombra, el que acumula sin saber quién recogerá lo acumulado. El salmo termina con la definición que David da de sí mismo, «forastero soy contigo, residente como todos mis padres».
1
לַמְנַצֵּחַ לִידוּתוּן מִזְמוֹר לְדָוִד׃
Lamnatzéaj liYdutún mizmor leDavid.
Al director del canto, para Yedutún. Salmo de David.
2
אָמַרְתִּי אֶשְׁמְרָה דְרָכַי מֵחֲטוֹא בִלְשׁוֹנִי אֶשְׁמְרָה לְפִי מַחְסוֹם בְּעֹד רָשָׁע לְנֶגְדִּי׃
Amarti eshmerá derajai mejató vilshoní, eshmerá lefí majsom, beod rashá lenegdí.
Dije: Guardaré mis caminos de pecar con mi lengua; pondré una mordaza a mi boca mientras el malvado esté frente a mí.
3
נֶאֱלַמְתִּי דוּמִיָּה הֶחֱשֵׁיתִי מִטּוֹב וּכְאֵבִי נֶעְכָּר׃
Neelámti dumiyá, hejeshéiti mitov, ujeeví neekar.
Enmudecí en silencio, callé aun lo bueno, y mi dolor se agravó.
4
חַם־לִבִּי בְּקִרְבִּי בַּהֲגִיגִי תִבְעַר־אֵשׁ דִּבַּרְתִּי בִּלְשׁוֹנִי׃
Jam libí bekirbí, bahaguiguí tiv'ar esh, dibarti bilshoní.
Se acaloró mi corazón dentro de mí; en mi meditación ardió el fuego; hablé con mi lengua:
5
הוֹדִיעֵנִי יְהוָה קִצִּי וּמִדַּת יָמַי מַה־הִיא אֵדְעָה מֶה־חָדֵל אָנִי׃
Hodiéni Adonai kitzí, umidat yamai ma hi, edeá me jadel áni.
Hazme saber, Hashem, cuál es mi fin y cuál es la medida de mis días; que sepa cuán efímero soy.
6
הִנֵּה טְפָחוֹת נָתַתָּה יָמַי וְחֶלְדִּי כְאַיִן נֶגְדֶּךָ אַךְ כָּל־הֶבֶל כָּל־אָדָם נִצָּב סֶלָה׃
Hiné tefajot natáta yamai, vejeldí jeáyin negdéja, aj kol hével kol adam nitzav. Sela.
He aquí, diste a mis días la medida de un palmo, y mi existencia es como nada delante de ti; ciertamente todo hombre, aun el que está firme en pie, es vanidad. Selá.
7
אַךְ־בְּצֶלֶם יִתְהַלֶּךְ־אִישׁ אַךְ־הֶבֶל יֶהֱמָיוּן יִצְבֹּר וְלֹא־יֵדַע מִי־אֹסְפָם׃
Aj betzélem yit'halej ish, aj hével yehemayún, yitzbor veló yedá mi osfam.
Ciertamente el hombre anda como una sombra; ciertamente se agitan por vanidad; amontona y no sabe quién lo recogerá.
8
וְעַתָּה מַה־קִּוִּיתִי אֲדֹנָי תּוֹחַלְתִּי לְךָ הִיא׃
Veatá ma kivíti Adonai, tojaltí lejá hi.
Y ahora, ¿qué he de esperar, Señor? Mi esperanza está puesta en ti.
9
מִכָּל־פְּשָׁעַי הַצִּילֵנִי חֶרְפַּת נָבָל אַל־תְּשִׂימֵנִי׃
Mikol peshaai hatziléni, jerpat naval al tesiméni.
De todas mis transgresiones líbrame; no me pongas por afrenta del necio.
10
נֶאֱלַמְתִּי לֹא אֶפְתַּח־פִּי כִּי אַתָּה עָשִׂיתָ׃
Neelámti lo eftaj pi, ki Ata asíta.
Enmudecí, no abro mi boca, porque tú lo has hecho.
11
הָסֵר מֵעָלַי נִגְעֶךָ מִתִּגְרַת יָדְךָ אֲנִי כָלִיתִי׃
Haser mealai nig'éja, mitigrat yadejá aní jalíti.
Aparta de mí tu golpe; por el embate de tu mano desfallezco.
12
בְּתוֹכָחוֹת עַל־עָוֺן יִסַּרְתָּ אִישׁ וַתֶּמֶס כָּעָשׁ חֲמוּדוֹ אַךְ הֶבֶל כָּל־אָדָם סֶלָה׃
Betojajot al avón yisarta ish, vatémes kaash jamudó, aj hével kol adam. Sela.
Con reprensiones por la iniquidad corriges al hombre, y consumes como la polilla lo que él más desea; ciertamente todo hombre es vanidad. Selá.
13
שִׁמְעָה־תְפִלָּתִי יְהוָה וְשַׁוְעָתִי הַאֲזִינָה אֶל־דִּמְעָתִי אַל־תֶּחֱרַשׁ כִּי גֵר אָנֹכִי עִמָּךְ תּוֹשָׁב כְּכָל־אֲבוֹתָי׃
Shim'á tefilatí Adonai veshavatí haazína, el dim'atí al tejerash, ki guer anojí imaj, toshav kejol avotai.
Escucha mi oración, Hashem, y presta oído a mi clamor; no calles ante mi lágrima, porque forastero soy contigo, residente como todos mis padres.
14
הָשַׁע מִמֶּנִּי וְאַבְלִיגָה בְּטֶרֶם אֵלֵךְ וְאֵינֶנִּי׃
Hashá miméni veavlígua, betérem elej veeinéni.
Aparta de mí tu mirada para que me reponga, antes de que me vaya y ya no exista.