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Salmo 28

Escucha la voz de mis súplicas

תהילים 28

El Salmo 28 (Tehilim 28) se divide con nitidez en dos partes. Los primeros cinco versículos son un clamor: David teme el silencio de Hashem más que a sus enemigos, y pide no ser arrastrado junto con quienes hablan de paz a su prójimo mientras el mal está en su corazón.

A partir del versículo 6 el tono cambia por completo: «bendito sea Hashem, porque escuchó la voz de mis súplicas». La plegaria fue respondida dentro del mismo salmo, y lo que sigue es agradecimiento. El capítulo termina saliendo de lo personal para pedir por todo el pueblo, como un pastor que carga a su rebaño.

1
לְדָוִד אֵלֶיךָ יְהוָה אֶקְרָא צוּרִי אַל־תֶּחֱרַשׁ מִמֶּנִּי פֶּן־תֶּחֱשֶׁה מִמֶּנִּי וְנִמְשַׁלְתִּי עִם־יוֹרְדֵי בוֹר׃
LeDavid, eléja Adonai ekrá, tzurí al tejerash mimeni, pen tejeshé mimeni venimshálti im yordé vor.
De David. A ti, Hashem, clamo; roca mía, no te quedes sordo ante mí, no sea que, si callas ante mí, me asemeje a los que descienden a la fosa.
2
שְׁמַע קוֹל תַּחֲנוּנַי בְּשַׁוְּעִי אֵלֶיךָ בְּנָשְׂאִי יָדַי אֶל־דְּבִיר קָדְשֶׁךָ׃
Shemá kol tajanunai beshaveí eléja, benoseí yadai el devir kodshéja.
Escucha la voz de mis súplicas cuando clamo a ti, cuando alzo mis manos hacia el recinto de tu santuario.
3
אַל־תִּמְשְׁכֵנִי עִם־רְשָׁעִים וְעִם־פֹּעֲלֵי אָוֶן דֹּבְרֵי שָׁלוֹם עִם־רֵעֵיהֶם וְרָעָה בִּלְבָבָם׃
Al timshejéni im reshaim veim poalé áven, dovré shalom im reehem, veraá bilvavam.
No me arrastres con los malvados y con los obradores de iniquidad, que hablan de paz con su prójimo pero llevan el mal en el corazón.
4
תֶּן־לָהֶם כְּפָעֳלָם וּכְרֹעַ מַעַלְלֵיהֶם כְּמַעֲשֵׂה יְדֵיהֶם תֵּן לָהֶם הָשֵׁב גְּמוּלָם לָהֶם׃
Ten lahem kefaolam, ujróa maalelehem, kemaasé yedehem ten lahem, hashev guemulam lahem.
Dales conforme a su obra y conforme a la maldad de sus actos; conforme a la obra de sus manos dales; devuélveles su merecido.
5
כִּי לֹא יָבִינוּ אֶל־פְּעֻלֹּת יְהוָה וְאֶל־מַעֲשֵׂה יָדָיו יֶהֶרְסֵם וְלֹא יִבְנֵם׃
Ki lo yavínu el peulot Adonai veel maasé yadav, yehersem veló yivnem.
Porque no comprenden las obras de Hashem ni la obra de sus manos; él los derribará y no los reconstruirá.
6
בָּרוּךְ יְהוָה כִּי־שָׁמַע קוֹל תַּחֲנוּנָי׃
Baruj Adonai, ki shamá kol tajanunai.
Bendito sea Hashem, porque escuchó la voz de mis súplicas.
7
יְהוָה עֻזִּי וּמָגִנִּי בּוֹ בָטַח לִבִּי וְנֶעֱזָרְתִּי וַיַּעֲלֹז לִבִּי וּמִשִּׁירִי אֲהוֹדֶנּוּ׃
Adonai uzí umaguiní, bo vatáj libí veneezárti, vayaaloz libí, umishirí ahodenu.
Hashem es mi fuerza y mi escudo; en él confió mi corazón y fui socorrido; se alegró mi corazón, y con mi canto le daré gracias.
8
יְהוָה עֹז־לָמוֹ וּמָעוֹז יְשׁוּעוֹת מְשִׁיחוֹ הוּא׃
Adonai oz lámo, umaoz yeshuot meshijó hu.
Hashem es fuerza para ellos, y refugio de salvaciones para su ungido es él.
9
הוֹשִׁיעָה אֶת־עַמֶּךָ וּבָרֵךְ אֶת־נַחֲלָתֶךָ וּרְעֵם וְנַשְּׂאֵם עַד־הָעוֹלָם׃
Hoshía et améja uvarej et najalatéja, ureem venaseem ad haolam.
Salva a tu pueblo y bendice a tu heredad; pastoréalos y llévalos en alto para siempre.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata el Salmo 28?
El Salmo 28 es una plegaria que se transforma en agradecimiento a mitad de camino. David empieza temiendo el silencio de Hashem y pidiendo no ser confundido con los hipócritas que hablan de paz mientras planean el mal; en el versículo 6 declara que su súplica fue escuchada. El capítulo cierra pidiendo salvación y bendición para todo el pueblo.
¿Qué significa que Hashem no «se quede sordo» en el Salmo 28?
David dice que si Hashem guarda silencio ante él, quedará como los que descienden a la fosa. La imagen es que la ausencia de respuesta equivale a la muerte, porque lo que sostiene su vida es la relación misma. El temor central del salmo no es el enemigo sino la distancia.
¿Por qué el Salmo 28 termina hablando del pueblo y no de David?
Los dos últimos versículos amplían el foco de lo individual a lo colectivo, un movimiento frecuente en Tehilim. Después de agradecer su propia salvación, David pide que Hashem salve a su pueblo, lo bendiga y lo lleve como un pastor lleva al rebaño. El salmo enseña que la gratitud personal desemboca naturalmente en una plegaria por los demás.