El Salmo 129 (Tehilim 129) es uno de los quince Cánticos de las Ascensiones —Salmos 120 a 134— y está escrito en la voz del pueblo de Yisrael hablando de sí mismo. Comienza con la misma invitación que el Salmo 124, «que lo diga ahora Yisrael», pero aquí lo que se declara no es un rescate puntual sino una historia larga de hostigamiento.
La afirmación central está en el versículo 2: fueron muchos y persistentes, «pero no pudieron conmigo». El versículo 3 describe el daño con la imagen del campo arado: espaldas convertidas en tierra sobre la que se abrieron surcos largos. El versículo 4 responde con otra imagen del mismo mundo, la de las cuerdas cortadas que liberan al animal del yugo.
La segunda mitad del capítulo compara a los que odian a Tzión con la hierba que crece en los techos de barro: brota rápido, no tiene raíz y se seca antes de que alguien la coja. El segador no llena su mano con ella, y por eso nadie que pasa la bendice, a diferencia de lo que se hacía con una cosecha verdadera.
Y no dicen los que pasan: la bendición de Hashem sea sobre ustedes; los bendecimos en el nombre de Hashem.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el Salmo 129?
El Salmo 129 es la declaración del pueblo de Yisrael sobre su propia historia: fue hostigado desde su juventud, muchas veces y por muchos, y aun así sus enemigos no pudieron con él. El salmo no niega el daño —lo describe con la imagen de un campo arado sobre la espalda— pero afirma que ese daño no llegó a destruir. La segunda mitad pide que los que odian a Tzión queden como la hierba de los techos, que se seca sin dar nada.
¿Qué es la «hierba de los techos» del Salmo 129?
En las casas antiguas de la tierra de Yisrael los techos eran de barro apisonado, y sobre ellos brotaba hierba con las primeras lluvias. Como la capa de tierra era mínima, esa hierba crecía rápido pero no echaba raíz y se secaba antes de que valiera la pena arrancarla. El salmo usa esa escena para describir un crecimiento vistoso y sin sustancia, que no llega a cosecha.
¿Por qué el Salmo 129 termina hablando de una bendición que no se dice?
Porque en la cosecha real era costumbre que los que pasaban junto al campo saludaran a los segadores con una bendición en el nombre de Hashem. El salmo cierra señalando que sobre la hierba de los techos nadie dice esa frase, porque no hay nada que segar. Es una forma indirecta y muy visual de decir que el proyecto de los enemigos de Tzión no llega a ningún resultado que merezca ser celebrado.