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Tikún HaKlalí — Los diez salmos de Rabí Najman

Tikún HaKlalí
Sobre esta oración

El Tikún HaKlalí es el orden de diez salmos que estableció el santo Rav Rabí Najman de Breslev, que su mérito nos proteja. Son los capítulos 16, 32, 41, 42, 59, 77, 90, 105, 137 y 150 de Tehilim, que se dicen en ese orden exacto. Antes de comenzar se dice el versículo de «Lejú neranená» y la declaración de intención, y al terminar se dicen tres versículos y una breve oración.

Tradición
Edot HaMizraj
Duración
~32 minutos
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Lee para comprender

Antes de decir los Tehilim se dice:

Vengan, cantemos a Hashem; aclamemos a la Roca de nuestra salvación. Vayamos ante Él con agradecimiento; con cánticos Lo aclamaremos. Porque Di-s grande es Hashem, y Rey grande sobre todos los poderes.

Y se prepara para agradecer y alabar a su Creador:

He aquí que preparo mi boca para agradecer, alabar y ensalzar a mi Creador. Para la unión del Santo, bendito es Él, y Su Shejiná, con temor y amor, por medio de Aquel oculto y escondido, en nombre de todo Israel.

Y se dicen los Tehilim.

Salmo 16 (Tehilim 16)

Mijtam de David. Guárdame, Di-s, porque en Ti me he refugiado.
Dijiste a Hashem: Tú eres mi Señor; mi bien no está fuera de Ti.
Para los santos que están en la tierra, y los nobles: en ellos está todo mi deleite.
Se multiplicarán los dolores de los que corren tras otro; no derramaré sus libaciones de sangre, ni tomaré sus nombres sobre mis labios.
Hashem es la porción de mi herencia y de mi copa; Tú sostienes mi suerte.
Las cuerdas me cayeron en lugares agradables; también mi heredad es hermosa para mí.
Bendeciré a Hashem, que me ha aconsejado; aun de noche me instruyen mis entrañas.
He puesto a Hashem siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no vacilaré.
Por eso se alegró mi corazón y se regocijó mi gloria; también mi carne reposará confiada.
Porque no abandonarás mi alma al Sheol, ni permitirás que Tu piadoso vea la corrupción.
Me harás conocer la senda de la vida; plenitud de alegrías hay ante Tu presencia, deleites en Tu diestra para siempre.

Salmo 32 (Tehilim 32)

De David, Maskil. Dichoso aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado está cubierto.
Dichoso el hombre a quien Hashem no le atribuye iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño.
Cuando callé, se consumieron mis huesos en mi gemido de todo el día.
Porque de día y de noche pesaba sobre mí Tu mano; mi vigor se transformó como en las sequedades del verano. Selá.
Mi pecado Te declaré, y mi iniquidad no encubrí. Dije: Confesaré mis transgresiones a Hashem; y Tú perdonaste la iniquidad de mi pecado. Selá.
Por esto orará a Ti todo piadoso en el tiempo de hallarte; ciertamente, en la inundación de muchas aguas, ellas no llegarán hasta él.
Tú eres mi refugio (aquí se hace una breve pausa); de la angustia me guardarás; con cánticos de liberación me rodearás. Selá.
Te haré entender y te enseñaré el camino en que has de andar; sobre ti fijaré mis ojos.
No sean como el caballo o como el mulo, sin entendimiento, cuyo brío hay que sujetar con freno y brida, para que no se acerquen a ti.
Muchos son los dolores del malvado; pero al que confía en Hashem, la bondad lo rodeará.
Alégrense en Hashem y regocíjense, justos; y canten con júbilo todos los rectos de corazón.

Salmo 41 (Tehilim 41)

Al director, salmo de David.
Dichoso el que considera al débil; en el día malo lo librará Hashem.
Hashem lo guardará y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos.
Hashem lo sostendrá sobre el lecho de dolor; toda su cama transformarás en su enfermedad.
Yo dije: Hashem, ten piedad de mí; sana mi alma, porque contra Ti he pecado.
Mis enemigos hablan mal de mí: ¿Cuándo morirá y perecerá su nombre?
Y si alguno viene a verme, habla falsedad; su corazón acumula iniquidad para sí; sale afuera y la divulga.
Todos los que me odian murmuran juntos contra mí; contra mí traman mi mal.
Dicen: Una cosa perversa se ha derramado sobre él; el que yace no volverá a levantarse.
Aun el hombre de mi paz, en quien yo confiaba, el que comía mi pan, ha levantado contra mí el talón.
Mas Tú, Hashem, ten piedad de mí y levántame, y yo les daré su merecido.
En esto sabré que Te has complacido en mí: en que mi enemigo no triunfe sobre mí.
Y a mí, en mi integridad me has sostenido, y me has establecido ante Ti para siempre.
Bendito sea Hashem, Di-s de Israel, desde la eternidad y hasta la eternidad. Amén y amén.

Salmo 42 (Tehilim 42)

Al director, Maskil de los hijos de Kóraj.
Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por Ti, Di-s, mi alma.
Mi alma tiene sed de Di-s, del Di-s vivo: ¿cuándo vendré y me presentaré ante Di-s?
Mis lágrimas han sido mi pan de día y de noche, mientras me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Di-s?
De estas cosas me acuerdo, y derramo mi alma dentro de mí: de cómo iba yo con la multitud y avanzaba con ella hasta la Casa de Di-s, con voz de canto y agradecimiento, en el bullicio de la fiesta.
¿Por qué te abates, alma mía, y te agitas dentro de mí? Espera en Di-s, porque aún he de agradecerle: salvaciones de Su presencia.
Di-s mío, mi alma se abate dentro de mí; por eso Te recuerdo desde la tierra del Yardén y los montes de Jermón, desde el monte Mitzar.
Un abismo llama a otro abismo a la voz de Tus cascadas; todas Tus ondas y Tus olas han pasado sobre mí.
De día ordenará Hashem Su bondad, y de noche Su cántico estará conmigo: una oración al Di-s de mi vida.
Diré a Di-s, mi Roca: ¿Por qué me has olvidado? ¿Por qué he de andar enlutado por la opresión del enemigo?
Como quebranto en mis huesos me afrentan mis adversarios, diciéndome todo el día: ¿Dónde está tu Di-s?
¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te agitas dentro de mí? Espera en Di-s, porque aún he de agradecerle: salvación de mi rostro y Di-s mío.

Salmo 59 (Tehilim 59)

Al director: Al Tashjet. Mijtam de David, cuando Shaúl envió y vigilaron la casa para matarlo.
Líbrame de mis enemigos, Di-s mío; ponme a salvo de los que se levantan contra mí.
Líbrame de los obradores de iniquidad, y sálvame de los hombres sanguinarios.
Porque he aquí que acechan mi alma; se juntan contra mí hombres fuertes, sin transgresión mía ni pecado mío, Hashem.
Sin culpa mía corren y se preparan; despierta a mi encuentro y mira.
Y Tú, Hashem, Di-s de los Ejércitos, Di-s de Israel, despierta para castigar a todas las naciones; no tengas piedad de ninguno de los pérfidos malhechores. Selá.
Vuelven al anochecer, aúllan como perros y rodean la ciudad.
He aquí que profieren con su boca; espadas hay en sus labios, pues dicen: ¿Quién escucha?
Mas Tú, Hashem, Te reirás de ellos; Te burlarás de todas las naciones.
Su fuerza: a Ti la aguardaré, porque Di-s es mi altura inexpugnable.
El Di-s de mi bondad me anticipará; Di-s me hará ver la caída de mis acechadores.
No los mates, para que mi pueblo no lo olvide; hazlos vagar con Tu poder y abátelos, escudo nuestro, Hashem.
Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios, queden atrapados en su soberbia, y por la maldición y la mentira que relatan.
Acábalos con furor, acábalos hasta que no existan; y que sepan que Di-s domina en Yaakov hasta los confines de la tierra. Selá.
Y vuelven al anochecer, aúllan como perros y rodean la ciudad.
Ellos vagan buscando comida; si no se sacian, pasan así la noche.
Pero yo cantaré Tu fuerza, y alabaré de mañana Tu bondad; porque has sido mi altura y refugio en el día de mi angustia.
Fuerza mía, a Ti cantaré; porque Di-s es mi altura, el Di-s de mi bondad.

Salmo 77 (Tehilim 77)

Al director, sobre Yedutún; de Asaf, salmo.
Mi voz clama a Di-s, y clamaré; mi voz a Di-s, y Él me escuchará.
En el día de mi angustia busqué a Hashem; de noche mi mano se extendió sin cesar; mi alma rehusó ser consolada.
Recuerdo a Di-s y gimo; medito, y desfallece mi espíritu. Selá.
Sostuviste los párpados de mis ojos; estoy turbado y no puedo hablar.
Consideré los días de antaño, los años de las edades pasadas.
Recuerdo mi canción en la noche; con mi corazón medito, y mi espíritu inquiere.
¿Rechazará el Señor para siempre? ¿No volverá a mostrar Su favor?
¿Se ha agotado para siempre Su bondad? ¿Ha terminado Su palabra para todas las generaciones?
¿Ha olvidado Di-s el ser clemente? ¿Ha cerrado con ira Su misericordia? Selá.
Y dije: Esta es mi flaqueza: los años de la diestra del Altísimo.
Recordaré las obras de Ka-h; ciertamente recordaré Tus maravillas de antaño.
Meditaré en toda Tu obra, y hablaré de Tus hazañas.
Di-s, en santidad está Tu camino. ¿Qué poder es grande como Di-s?
Tú eres el Di-s que hace maravillas; has dado a conocer Tu fuerza entre los pueblos.
Redimiste con Tu brazo a Tu pueblo, a los hijos de Yaakov y de Yosef. Selá.
Te vieron las aguas, Di-s; Te vieron las aguas y temblaron; también se estremecieron los abismos.
Las nubes derramaron aguas; los cielos dieron voz; también Tus saetas volaron.
La voz de Tu trueno estaba en el torbellino; los relámpagos iluminaron el mundo; se estremeció y tembló la tierra.
En el mar estuvo Tu camino, y Tus sendas en las aguas caudalosas; y Tus huellas no fueron conocidas.
Condujiste como a un rebaño a Tu pueblo, por mano de Moshé y Aharón.

Salmo 90 (Tehilim 90)

Oración de Moshé, hombre de Di-s. Hashem, Tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Antes que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres Di-s.
Haces volver al hombre hasta ser desmenuzado, y dices: Vuelvan, hijos del hombre.
Porque mil años ante Tus ojos son como el día de ayer que ya pasó, y como una vigilia de la noche.
Los arrastras; son como un sueño; por la mañana son como la hierba que brota.
Por la mañana florece y brota; por la tarde es cortada y se seca.
Porque somos consumidos por Tu ira, y por Tu furor somos turbados.
Has puesto nuestras iniquidades delante de Ti, nuestras faltas ocultas a la luz de Tu rostro.
Porque todos nuestros días declinan por Tu enojo; acabamos nuestros años como un suspiro.
Los días de nuestros años son setenta años; y si con vigor, ochenta años; y su orgullo no es sino trabajo y vanidad, pues pasa pronto y volamos.
¿Quién conoce el poder de Tu ira, y Tu furor conforme al temor que Te es debido?
Enséñanos a contar así nuestros días, para que traigamos al corazón sabiduría.
Vuelve, Hashem, ¿hasta cuándo? Y ten compasión de Tus siervos.
Sácianos por la mañana de Tu bondad, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.
Alégranos conforme a los días en que nos afligiste, conforme a los años en que vimos el mal.
Que se manifieste a Tus siervos Tu obra, y Tu esplendor sobre sus hijos.
Y sea la dulzura de Hashem, nuestro Di-s, sobre nosotros; y la obra de nuestras manos afiánzala sobre nosotros; sí, la obra de nuestras manos, afiánzala.

Salmo 105 (Tehilim 105)

Agradezcan a Hashem, invoquen Su Nombre, den a conocer entre los pueblos Sus obras.
Cántenle, entónenle salmos; hablen de todas Sus maravillas.
Gloríense en Su santo Nombre; alégrese el corazón de los que buscan a Hashem.
Busquen a Hashem y Su fuerza; busquen Su rostro siempre.
Recuerden las maravillas que hizo, Sus prodigios y los juicios de Su boca,
descendencia de Abraham, Su siervo, hijos de Yaakov, Sus elegidos.
Él es Hashem, nuestro Di-s; en toda la tierra están Sus juicios.
Recordó para siempre Su pacto, la palabra que ordenó por mil generaciones,
el que hizo con Abraham, y Su juramento a Yitzjak,
y lo estableció para Yaakov como estatuto, para Israel como pacto eterno,
diciendo: A ti te daré la tierra de Kenaan, la porción de la heredad de ustedes.
Cuando eran pocos en número, muy pocos, y forasteros en ella,
y andaban de nación en nación, de un reino a otro pueblo,
no permitió que nadie los oprimiera, y por causa de ellos reprendió a reyes:
No toquen a Mis ungidos, ni hagan mal a Mis profetas.
Y llamó al hambre sobre la tierra; quebró todo sustento de pan.
Envió delante de ellos a un hombre: Yosef, vendido como siervo.
Afligieron con grillos su pie; en hierro entró su alma,
hasta el tiempo en que se cumplió su palabra; la palabra de Hashem lo probó.
Envió el rey y lo soltó; el gobernante de pueblos lo liberó.
Lo puso por señor de su casa y por gobernante de toda su posesión,
para atar a sus príncipes según su voluntad, y dar sabiduría a sus ancianos.
Y entró Israel en Egipto, y Yaakov peregrinó en la tierra de Jam.
Y multiplicó mucho a Su pueblo, y lo hizo más fuerte que sus opresores.
Cambió el corazón de ellos para que odiaran a Su pueblo, para que actuaran con astucia contra Sus siervos.
Envió a Moshé, Su siervo, y a Aharón, a quien había escogido.
Pusieron entre ellos las palabras de Sus señales, y prodigios en la tierra de Jam.
Envió tinieblas y oscureció, y no se rebelaron contra Su palabra.
Convirtió sus aguas en sangre, e hizo morir sus peces.
Su tierra bulló de ranas, hasta en las cámaras de sus reyes.
Habló, y vinieron enjambres de fieras y piojos en todo su territorio.
Les dio granizo por lluvia, fuego de llamas en su tierra.
Hirió sus vides y sus higueras, y quebró los árboles de su territorio.
Habló, y vino la langosta, y el pulgón sin número,
y devoró toda la hierba de su tierra, y devoró el fruto de su suelo.
Hirió a todo primogénito en su tierra, las primicias de todo su vigor.
Y los sacó con plata y oro, y no hubo entre Sus tribus quien tropezara.
Se alegró Egipto cuando salieron, porque el temor de ellos había caído sobre ellos.
Extendió una nube por cubierta, y fuego para alumbrar la noche.
Pidieron, y trajo codornices; y con pan del cielo los sació.
Abrió la roca y fluyeron aguas; corrieron por los sequedales como un río.
Porque recordó Su santa palabra dada a Abraham, Su siervo.
Y sacó a Su pueblo con alegría, con júbilo a Sus escogidos.
Y les dio las tierras de las naciones, y heredaron el trabajo de los pueblos,
para que guardaran Sus estatutos y observaran Sus enseñanzas. ¡Haleluyá!

Salmo 137 (Tehilim 137)

Junto a los ríos de Bavel, allí nos sentamos y también lloramos, al acordarnos de Tzión.
Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas.
Porque allí los que nos habían llevado cautivos nos pedían palabras de canción, y nuestros opresores, alegría: Cántennos de los cantos de Tzión.
¿Cómo cantaremos el canto de Hashem en tierra extraña?
Si me olvidara de ti, Yerushaláim, que se olvide mi diestra.
Que se pegue mi lengua a mi paladar si no me acordara de ti, si no elevara a Yerushaláim por encima de mi mayor alegría.
Recuerda, Hashem, a los hijos de Edom el día de Yerushaláim, cuando decían: ¡Arrasen, arrasen hasta sus cimientos!
Hija de Bavel, la devastada: dichoso el que te dé la retribución por lo que nos hiciste.
Dichoso el que tome y estrelle a tus pequeños contra la roca.

Salmo 150 (Tehilim 150)

¡Haleluyá! Alaben a Di-s en Su santuario; alábenlo en el firmamento de Su poder.
Alábenlo por Sus proezas; alábenlo conforme a Su inmensa grandeza.
Alábenlo con toque de shofar; alábenlo con nével y kinor.
Alábenlo con pandero y danza; alábenlo con instrumentos de cuerda y flauta.
Alábenlo con címbalos sonoros; alábenlo con címbalos de júbilo.
Todo lo que respira alabe a Ka-h. ¡Haleluyá!

Después de decir los Tehilim se dicen los tres versículos:

¡Quién diera que de Tzión viniera la salvación de Israel! Cuando Hashem haga volver el cautiverio de Su pueblo, se gozará Yaakov y se alegrará Israel. Y la salvación de los tzadikim viene de Hashem, su fortaleza en el tiempo de angustia. Y los ayudó Hashem y los libró; los libra de los malvados y los salva, porque en Él se refugiaron.

Oración breve para decir después del Tikún HaKlalí:

Amo del mundo, Causa de las causas y Origen de todos los orígenes: Tú estás por encima, por encima de todo, y no hay nada por encima de Ti, pues ningún pensamiento Te capta en absoluto. Y para Ti el silencio es alabanza; y Tú estás elevado por encima de toda Berajá y toda alabanza. A Ti busco, a Ti pido: que abras un camino oculto desde Ti, a través de todos los mundos, hasta el nivel en que yo me encuentro, en el lugar donde estoy de pie, tal como está revelado ante Ti, Conocedor de los secretos. Y por ese camino y esa senda ilumina sobre mí Tu luz, para hacerme volver en Teshuvá completa ante Ti, con verdad, conforme a Tu voluntad verdadera; conforme a la voluntad del elegido de las criaturas. Que no piense en mi pensamiento ningún pensamiento ajeno, ni ningún pensamiento ni confusión que esté contra Tu voluntad; sino que me adhiera a pensamientos puros, limpios y santos en Tu servicio verdadero, en Tu comprensión y en Tu Torá. Inclina mi corazón a Tus testimonios, y dame un corazón puro para servirte con verdad. Y de las profundidades del mar sácame a una luz grande, pronto y con rapidez; la salvación de Hashem es como un abrir y cerrar de ojos, para iluminarme con la luz de la vida todos los días de mi existencia sobre la faz de la tierra. Y que merezca renovar mi juventud, y devolver a la Kedushá los días que pasaron en la oscuridad. Y que mi salida del mundo sea como mi entrada: sin pecado. Y que merezca contemplar la dulzura de Hashem y visitar Su santuario, donde todo dice gloria. Amén, por siempre, Selá y para siempre.

Traducción propia del hebreo original. En las citas bíblicas usamos el trato de «ustedes» (español neutro latinoamericano), no el «vosotros» de las ediciones peninsulares.

Preguntas frecuentes

El Tiku00fan HaKlalu00ed es el orden de diez salmos que estableciu00f3 el santo Rav Rabu00ed Najman de Breslev, que su mu00e9rito nos proteja. Son los capu00edtulos 16, 32, 41, 42, 59, 77, 90, 105, 137 y 150 de Tehilim, y se dicen exactamente en ese orden.