El Salmo 65 comienza con una paradoja: «para ti el silencio es alabanza». Ante Di-s en Tzión, ninguna palabra alcanza, y el silencio mismo se convierte en la forma más adecuada de alabar.
El salmo se despliega en tres movimientos. Primero la oración y el perdón: quien escucha la oración recibe a toda carne, y las transgresiones son expiadas. Luego el poder que afirma los montes y calma el estruendo de los mares y el tumulto de las naciones. Por último, una de las descripciones más detalladas de Tehilim sobre la lluvia y la cosecha.
La última parte convierte a la tierra misma en cantora: los surcos regados, las colinas ceñidas de júbilo, los valles cubiertos de trigo que claman de alegría y hasta cantan.
1
לַמְנַצֵּחַ מִזְמוֹר לְדָוִד שִׁיר׃
Lamnatzéaj mizmor leDavid shir.
Al director del canto; salmo de David, un cántico.
2
לְךָ דֻמִיָּה תְהִלָּה אֱלֹהִים בְּצִיּוֹן וּלְךָ יְשֻׁלַּם־נֶדֶר׃
Lejá dumiyá tehilá Elohim beTzión, ulejá yeshulam néder.
Para ti el silencio es alabanza, Di-s, en Tzión, y a ti se te cumplirá el voto.
3
שֹׁמֵעַ תְּפִלָּה עָדֶיךָ כָּל־בָּשָׂר יָבֹאוּ׃
Shoméa tefilá, adeja kol basar yavóu.
Tú que escuchas la oración, hasta ti llega toda carne.
4
דִּבְרֵי עֲוֺנֹת גָּבְרוּ מֶנִּי פְּשָׁעֵינוּ אַתָּה תְכַפְּרֵם׃
Divré avonot gaverú méni, peshaenu Atá tejaperem.
Los hechos de iniquidad me han superado; nuestras transgresiones, tú las expías.
5
אַשְׁרֵי תִּבְחַר וּתְקָרֵב יִשְׁכֹּן חֲצֵרֶיךָ נִשְׂבְּעָה בְּטוּב בֵּיתֶךָ קְדֹשׁ הֵיכָלֶךָ׃
Ashré tivjar utkarev yishkón jatzereja, nisbeá betuv beteja, kedosh hejaleja.
Feliz aquel a quien escoges y acercas para que more en tus atrios. Nos saciaremos del bien de tu casa, la santidad de tu Templo.
6
נוֹרָאוֹת בְּצֶדֶק תַּעֲנֵנוּ אֱלֹהֵי יִשְׁעֵנוּ מִבְטָח כָּל־קַצְוֵי־אֶרֶץ וְיָם רְחֹקִים׃
Noraot betzédek taanénu, Elohé yishenu, mivtaj kol katzvé éretz veyam rejokim.
Con obras temibles de justicia nos respondes, Di-s de nuestra salvación, confianza de todos los confines de la tierra y de los mares lejanos.
7
מֵכִין הָרִים בְּכֹחוֹ נֶאְזָר בִּגְבוּרָה׃
Mejín harim bejojó, neezar bigvurá.
Que afirma los montes con su fuerza, ceñido de poder.
8
מַשְׁבִּיחַ שְׁאוֹן יַמִּים שְׁאוֹן גַּלֵּיהֶם וַהֲמוֹן לְאֻמִּים׃
Mashbíaj sheón yamim, sheón galehem, vahamón leumim.
Que aquieta el estruendo de los mares, el estruendo de sus olas y el tumulto de las naciones.
9
וַיִּירְאוּ יֹשְׁבֵי קְצָוֺת מֵאוֹתֹתֶיךָ מוֹצָאֵי־בֹקֶר וָעֶרֶב תַּרְנִין׃
Vayirú yoshvé ketzavot meototeja, motzaé vóker vaérev tarnín.
Y temen los que habitan en los confines ante tus señales; haces cantar de júbilo la salida de la mañana y de la tarde.
10
פָּקַדְתָּ הָאָרֶץ וַתְּשֹׁקְקֶהָ רַבַּת תַּעְשְׁרֶנָּה פֶּלֶג אֱלֹהִים מָלֵא מָיִם תָּכִין דְּגָנָם כִּי־כֵן תְּכִינֶהָ׃
Pakádta haáretz vateshokekéha, rabat taashréna, péleg Elohim malé máyim, tajín deganam ki jen tejinéha.
Has visitado la tierra y la has regado, mucho la enriqueces. El arroyo de Di-s está lleno de agua; preparas su grano, porque así la preparas.
11
תְּלָמֶיהָ רַוֵּה נַחֵת גְּדוּדֶיהָ בִּרְבִיבִים תְּמֹגְגֶנָּה צִמְחָהּ תְּבָרֵךְ׃
Telaméha ravé, najet guedudéha, birvivim temoguegéna, tzimjá tevarej.
Riegas sus surcos, allanas sus terrones, con lluvias la ablandas y bendices su brote.
12
עִטַּרְתָּ שְׁנַת טוֹבָתֶךָ וּמַעְגָּלֶיךָ יִרְעֲפוּן דָּשֶׁן׃
Itárta shnat tovateja, umaguleja yirafún dáshen.
Coronas el año de tu bondad, y tus senderos destilan abundancia.
13
יִרְעֲפוּ נְאוֹת מִדְבָּר וְגִיל גְּבָעוֹת תַּחְגֹּרְנָה׃
Yirafú neot midbar, veguil guevaot tajgórna.
Destilan los pastizales del desierto, y las colinas se ciñen de júbilo.
14
לָבְשׁוּ כָרִים הַצֹּאן וַעֲמָקִים יַעַטְפוּ־בָר יִתְרוֹעֲעוּ אַף־יָשִׁירוּ׃
Lavshú jarim hatzón, vaamakim yaatfú var, yitroaú af yashíru.
Las praderas se visten de rebaños y los valles se cubren de trigo; claman de alegría y hasta cantan.