El Salmo 36 está construido sobre un contraste deliberado. Sus primeros versículos describen desde dentro la mente del malvado: alguien que se adula a sí mismo hasta no ver su propia falta y que planifica el mal incluso acostado en su cama.
A partir del versículo 6 el salmo cambia por completo de registro y de escala: la bondad de Hashem llega hasta los cielos, su fidelidad hasta las nubes, su justicia es como las montañas y sus juicios como el gran abismo. Frente a la estrechez de quien solo se mira a sí mismo, el salmo abre el horizonte hasta lo inconmensurable.
El versículo 10, «contigo está la fuente de la vida; en tu luz vemos la luz», es una de las formulaciones más citadas de Tehilim sobre el conocimiento que solo se alcanza desde la cercanía a Hashem.
1
לַמְנַצֵּחַ לְעֶבֶד־יְהוָה לְדָוִד׃
Lamnatzéaj leéved Adonai leDavid.
Al director del canto. Del siervo de Hashem, de David.
2
נְאֻם־פֶּשַׁע לָרָשָׁע בְּקֶרֶב לִבִּי אֵין־פַּחַד אֱלֹהִים לְנֶגֶד עֵינָיו׃
Neum pesha larashá bekérev libí, ein pájad Elohim lenégued einav.
El dicho de la transgresión al malvado está en lo íntimo de mi corazón: no hay temor de Di-s delante de sus ojos.
3
כִּי־הֶחֱלִיק אֵלָיו בְּעֵינָיו לִמְצֹא עֲוֺנוֹ לִשְׂנֹא׃
Ki hejelik elav beeinav, limtzó avonó lisnó.
Porque se adula a sí mismo ante sus propios ojos, hasta el punto de no hallar su iniquidad para aborrecerla.
4
דִּבְרֵי־פִיו אָוֶן וּמִרְמָה חָדַל לְהַשְׂכִּיל לְהֵיטִיב׃
Divrei piv áven umirmá, jadal lehaskil leheitiv.
Las palabras de su boca son maldad y engaño; dejó de entender, dejó de hacer el bien.
5
אָוֶן יַחְשֹׁב עַל־מִשְׁכָּבוֹ יִתְיַצֵּב עַל־דֶּרֶךְ לֹא־טוֹב רָע לֹא יִמְאָס׃
Áven yajshov al mishkavó, yityatzev al dérej lo tov, rá lo yim'as.
Maldad trama sobre su lecho; se planta en un camino que no es bueno; el mal no lo rechaza.
6
יְהוָה בְּהַשָּׁמַיִם חַסְדֶּךָ אֱמוּנָתְךָ עַד־שְׁחָקִים׃
Adonai behashamáyim jasdéja, emunatejá ad shejakim.
Hashem, hasta los cielos llega tu bondad, tu fidelidad hasta las nubes.
7
צִדְקָתְךָ כְּהַרְרֵי־אֵל מִשְׁפָּטֶךָ תְּהוֹם רַבָּה אָדָם־וּבְהֵמָה תוֹשִׁיעַ יְהוָה׃
Tzidkatejá keharerei El, mishpatéja tehom rabá, adam uvhemá toshía Adonai.
Tu justicia es como las montañas más poderosas, tus juicios son un abismo inmenso; al hombre y al animal salvas, Hashem.
8
מַה־יָּקָר חַסְדְּךָ אֱלֹהִים וּבְנֵי אָדָם בְּצֵל כְּנָפֶיךָ יֶחֱסָיוּן׃
Ma yakar jasdejá Elohim, uvnei adam betzel kenaféja yejesayún.
¡Cuán preciosa es tu bondad, oh Di-s! Los hijos del hombre se refugian a la sombra de tus alas.
9
יִרְוְיֻן מִדֶּשֶׁן בֵּיתֶךָ וְנַחַל עֲדָנֶיךָ תַשְׁקֵם׃
Yirveyún midéshen beitéja, venájal adanéja tashkem.
Se sacian de la abundancia de tu casa, y del arroyo de tus delicias les das de beber.
10
כִּי־עִמְּךָ מְקוֹר חַיִּים בְּאוֹרְךָ נִרְאֶה־אוֹר׃
Ki imejá mekor jayim, beorejá nir'e or.
Porque contigo está la fuente de la vida; en tu luz vemos la luz.
11
מְשֹׁךְ חַסְדְּךָ לְיֹדְעֶיךָ וְצִדְקָתְךָ לְיִשְׁרֵי־לֵב׃
Meshoj jasdejá leyodéja, vetzidkatejá leyishrei lev.
Extiende tu bondad a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón.
12
אַל־תְּבוֹאֵנִי רֶגֶל גַּאֲוָה וְיַד־רְשָׁעִים אַל־תְּנִדֵנִי׃
Al tevoéni régel gaavá, veyad reshaim al tenidéni.
Que no me alcance el pie de la soberbia, ni la mano de los malvados me haga huir.
13
שָׁם נָפְלוּ פֹּעֲלֵי אָוֶן דֹּחוּ וְלֹא־יָכְלוּ קוּם׃
Sham naflú póalei áven, dojú veló yajlú kum.
Allí cayeron los obradores de maldad; fueron derribados y no pudieron levantarse.